May. 4, 2026 7:20 am
alemania

Los resultados de las elecciones de Alemania han dejado un mensaje claro: el pueblo alemán está harto. Harto del progresismo impuesto por las élites políticas, harto de ver cómo sus impuestos financian guerras extranjeras, harto de la islamización de Europa que amenaza con borrar sus raíces católicas y harto de un sistema que silencia a la única oposición real, AfD.

El partido CDU/CSU, encabezado por Friedrich Merz, se posicionó en primer lugar con un 28% de los votos, pero en lugar de buscar una alianza con el segundo partido más votado, la AfD (20%), ha decidido pactar con los socialdemócratas del SPD (17%), quienes sufrieron un derrumbe electoral del 9%.

Esta decisión demuestra que la llamada “derecha” alemana no es más que una derecha progresista, que prefiere aliarse con la izquierda y continuar con la destrucción de Alemania antes que aceptar un gobierno que represente verdaderamente los intereses del pueblo.

AfD ha sido el gran ganador de la noche, duplicando sus resultados con respecto a 2021, pese a la demonización mediática y el cordón sanitario impuesto por el establishment político. Como bien señaló Pablo Muñoz Iturrieta:

El propio Friedrich Merz ha dejado en claro su traición a los votantes al desmentir sus propias promesas de campaña. Mientras en campaña adoptó posturas más duras sobre el control migratorio, tras ganar afirmó que “ninguno de nosotros está hablando de cerrar fronteras”.

Su giro inmediato demuestra que su única intención era captar el voto de los descontentos, para luego seguir con la misma agenda globalista de siempre.

La líder de AfD, Alice Weidel, ha denunciado esta maniobra como un atropello contra la democracia y una burla a los millones de alemanes que los apoyaron en las urnas.

La situación de Alemania es el reflejo del suicidio europeo. La complicidad de los falsos conservadores con los socialistas y la extrema izquierda está hipotecando el futuro del continente, vendiéndolo a intereses ajenos y borrando sus raíces cristianas y culturales.

Mientras tanto, el pueblo sigue despertando, y la resistencia crece. AfD ha demostrado que la alternativa real existe y que la lucha por una Alemania soberana y fiel a sus tradiciones está más viva que nunca.

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