El Grupo de los Siete (G7) anunció el sábado un acuerdo histórico que exime a las multinacionales estadounidenses del impuesto mínimo global del 15%, establecido en 2021 por la OCDE. Este pacto, impulsado por el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, representa una victoria para la administración Trump, que prioriza la soberanía fiscal y la competitividad económica.
El acuerdo elimina la cláusula 889 del proyecto de ley “Uno, Grande, Hermoso”, que permitía represalias contra países que gravaran a empresas estadounidenses, garantizando así un entorno de libre mercado sin sanciones arbitrarias.
El G7, compuesto por Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y EE.UU., reconoce que este “sistema paralelo” estabilizará el sistema tributario internacional, preservando la libertad de los países para diseñar políticas fiscales soberanas.
Bessent destacó que esta medida protegerá a los contribuyentes estadounidenses de perder más de 100,000 millones de dólares, fortaleciendo la economía nacional y la seguridad financiera. Conservadores en EE.UU. celebran la decisión, viéndola como un rechazo a las políticas globalistas que erosionan la autonomía nacional y sobrecargan a las empresas con regulaciones excesivas.
Organizaciones conservadoras, como la Heritage Foundation, aplaudieron el acuerdo, argumentando que fomenta la innovación y el crecimiento al liberar a las empresas de cargas fiscales impuestas por burocracias internacionales.
“Este es un paso hacia la defensa de la libertad individual y la responsabilidad fiscal, valores fundamentales para nuestra nación”, señaló un portavoz. Por contraste, sectores progresistas critican la exención, alegando que debilita la equidad fiscal global y favorece a las grandes corporaciones en detrimento de los países en desarrollo.
Sin embargo, estas críticas ignoran que el impuesto mínimo global a menudo beneficia a gobiernos que despilfarran recursos, mientras que las empresas estadounidenses ya enfrentan rigurosas obligaciones fiscales domésticas.
Las implicaciones políticas son significativas. El acuerdo refuerza la postura de Trump contra el globalismo, consolidando su base electoral conservadora, que valora la defensa de los intereses nacionales. Además, el G7 se comprometió a respaldar a EE.UU. en negociaciones con el G20 y la OCDE, lo que podría redefinir las reglas fiscales globales.
No obstante, persisten preocupaciones sobre cómo los países del G7 justificarán ante sus ciudadanos que sus empresas enfrenten impuestos que las estadounidenses no pagarán, lo que podría avivar tensiones económicas internas.
Este pacto reafirma el liderazgo de EE.UU. en la economía global, priorizando la libertad, la seguridad nacional y la responsabilidad fiscal sobre agendas transnacionales. Mientras el debate continúa, los conservadores ven en esta decisión un modelo para proteger los principios constitucionales y el orden económico basado en la libre empresa.
