El senador proaborto Dick Durbin decidió no recibir el premio Keep Hope Alive, tras el clamor de los católicos. No fue Cupich quien dio marcha atrás, sino el homenajeado quien rehusó la condecoración ante la protesta de los fieles y la división que esto generó. El Cardenal Cupich publicó un comunicado explicando lo ocurrido y dando un mensaje a los fieles.
“El senador Durbin me informó hoy que ha decidido no recibir un premio en nuestra celebración Keep Hope Alive. Aunque me entristece esta noticia, respeto su decisión. Pero quiero dejar claro que la decisión de presentarle un premio fue específicamente en reconocimiento a su singular contribución a la reforma migratoria y su apoyo inquebrantable a los inmigrantes, tan necesario en nuestro tiempo.”
La clave está en la primera frase: no fue Cupich quien dio marcha atrás, sino Durbin quien rechazó el reconocimiento. Sin embargo, lo cierto es que la protesta de los fieles y nuestras oraciones hicieron que esa premiación no se concretara. La aclaración de Cupich de que se trataba de un homenaje a su labor migratoria no borra la contradicción que suponía. Hasta el Papa León XIV había reconocido que esto traía división pero que las enseñanzas de la Iglesia Católica son muy claras en estos asuntos.
“Al mirar atrás en mis 50 años como sacerdote y 27 años como obispo, he visto cómo las divisiones dentro de la comunidad católica se profundizan peligrosamente. Estas divisiones dañan la unidad de la Iglesia y socavan nuestro testimonio del Evangelio. Los obispos no podemos simplemente ignorar esta situación, porque tenemos el deber de promover la unidad y ayudar a todos los católicos a abrazar las enseñanzas de la Iglesia como un todo coherente.”
Cupich reconoce la división interna. Pero si realmente busca unidad, no puede fomentar gestos que generen escándalo entre los fieles. Premiar a un político abiertamente proaborto hubiera ahondado esas heridas.
“La tragedia de nuestra situación actual en Estados Unidos es que los católicos se encuentran políticamente sin hogar. Las políticas de ninguno de los partidos reflejan perfectamente la amplitud de la doctrina católica. Además, las encuestas tienden a mostrar que los católicos mismos están divididos a lo largo de líneas partidistas, como todos los estadounidenses. Este estancamiento se ha vuelto más profundo con los años y nuestras divisiones socavan nuestro llamado a dar testimonio del Evangelio.”
Es verdad que no existe un partido político plenamente católico en EE.UU. Pero precisamente por eso, la Iglesia debe ser clara: ningún logro en otros temas puede justificar el aval a quienes promueven el aborto.
“La controversia de estos últimos días apunta a la profundidad y al peligro de tal estancamiento. Algunos dirían que la Iglesia nunca debería honrar a un líder político si persigue políticas diametralmente opuestas a elementos críticos de la doctrina social católica. Pero la trágica realidad es que prácticamente no hay funcionarios católicos que defiendan de manera consistente los elementos esenciales de la doctrina social de la Iglesia, porque nuestro sistema de partidos no se lo permite.”
Con esta justificación, Cupich casi da a entender que “no hay a quién premiar”. Pero eso no es excusa para intentar distinguir en Durbin un mérito que se contradice con su historial proaborto.
“La condena total no es el camino a seguir, pues cierra el diálogo. Pero la alabanza y el aliento pueden abrirlo, pidiendo a los destinatarios que consideren cómo extender su buen trabajo a otras áreas. Más ampliamente, un enfoque positivo puede mantener viva la esperanza de que vale la pena hablar entre nosotros y colaborar en el bien común.”
El cardenal defiende un camino de “diálogo”, pero aquí se evidencia su error: un premio no es diálogo, es condecoración. Reconocer lo bueno se puede hacer sin dar señales de aprobación a quienes niegan la vida de los inocentes.
“Debería preocuparnos que este estancamiento siga obstaculizando los esfuerzos de la Iglesia por promover la dignidad humana en toda su amplitud. En efecto, el niño en el vientre, los enfermos y ancianos, el migrante y el refugiado, el condenado a muerte, los ya afectados por el cambio climático y la pobreza generacional seguirán en riesgo si nosotros, como católicos, no comenzamos a hablar con respeto y a trabajar juntos. Eso incluye escuchar.”
El cardenal enumera diversas causas, pero al equipararlas corre el riesgo de diluir la jerarquía moral. Defender la vida del no nacido no es una causa más: es la base de toda justicia social.
“Mi esperanza era que nuestra celebración Keep Hope Alive sirviera como una invitación a los católicos que defienden con firmeza a los vulnerables en la frontera entre Estados Unidos y México a reflexionar sobre por qué la Iglesia defiende a los vulnerables en la frontera entre la vida y la muerte, como en casos de aborto y eutanasia. Asimismo, podría ser una invitación a los católicos que promueven la dignidad del no nacido, del anciano y del enfermo, a extender el círculo de protección a los inmigrantes que enfrentan en este momento una amenaza existencial.”
Tender puentes es un objetivo pastoral válido. Pero se eligió mal el símbolo: Durbin no puede representar la unidad cuando su historial contradice frontalmente la defensa de la vida.
“Ambos grupos son católicos, estén donde estén en este espectro, y todos deben recordar que no somos una Iglesia de un solo tema. El aislamiento ideológico fácilmente conduce al aislamiento interpersonal, lo cual socava el deseo de Cristo por nuestra unidad.”
No se trata de ser una Iglesia de un solo tema. Se trata de que hay un principio que fundamenta todos los demás: sin vida, no hay dignidad posible.
“Es importante dejar claro que sería un error interpretar las decisiones respecto al evento Keep Hope Alive como un ablandamiento de nuestra posición sobre el aborto. Afirmamos firmemente lo que el Catecismo de la Iglesia Católica deja claro: ‘Desde el primer siglo la Iglesia ha afirmado la maldad moral de todo aborto procurado. Esta enseñanza no ha cambiado y sigue siendo inmutable.’ Asimismo, no debe haber dudas sobre nuestro deber de abogar por leyes que protejan la vida humana y la libertad religiosa.”
Aquí se ve la fuerza del clamor de los fieles: Cupich se ve forzado a reafirmar la doctrina católica sobre el aborto. Una victoria de la fidelidad y de la oración.
“Los obispos católicos respondieron heroicamente cuando el derecho a la vida de los no nacidos fue negado por las decisiones de la Corte Suprema en 1973. Ese derecho a la vida aún necesita ser defendido sin compromisos. Otro asunto —el de la inmigración— había sido por largo tiempo un problema abordado de manera insuficiente por nuestra nación, pero también uno en el que los obispos estadounidenses hemos invertido energía y recursos.”
La historia de la defensa de la vida confirma la incoherencia de este intento de condecorar a Durbin.
“Hace treinta años, san Juan Pablo II predicó una homilía en nuestro país en la que defendió vigorosamente los derechos de los no nacidos, los ancianos y los discapacitados, y citó el poema inscrito en la Estatua de la Libertad. Preguntó: ‘¿Se está volviendo la América actual menos sensible, menos solidaria con los pobres, los débiles, los extraños, los necesitados? ¡No debe ser así!’ … Debemos escuchar estas palabras proféticas en este momento de la vida de nuestra nación.”
Un recordatorio precioso de san Juan Pablo II. Pero su ejemplo deja claro: nunca se habría permitido homenajear a un político que promueve el aborto.
“Creo que valdría la pena organizar encuentros sinodales para que los fieles experimenten escucharse mutuamente con respeto en estos temas, permaneciendo abiertos a madurar más plenamente en su identidad común como católicos. Tal vez nuestras universidades católicas puedan ayudar.”
El diálogo es necesario, pero no a costa de relativizar verdades innegociables.
“Podemos avanzar si mantenemos viva la esperanza.”
La esperanza se mantuvo viva gracias al clamor de los fieles. No fue Cupich quien reculó: fue Durbin quien se negó a recibir el premio. Pero lo importante es que, gracias a la oración, se evitó un escándalo contra la vida.
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no representan necesariamente la postura oficial de Gateway Hispanic.
