May. 1, 2026 12:51 pm
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Los obispos católicos de Estados Unidos han formalizado una prohibición absoluta contra los llamados «cuidados de afirmación de género» en las instituciones de salud católicas, durante su asamblea plenaria en Baltimore, Maryland, del 10 al 12 de noviembre de 2025.

Esta decisión, aprobada de manera abrumadora en un salón de hotel convertido en sede episcopal, actualiza las Directrices Éticas y Religiosas para la Salud Católica (ERDs, por sus siglas en inglés), el documento rector que guía a miles de hospitales, clínicas y proveedores médicos afiliados a la Iglesia.

La medida consolida una práctica ya extendida en la red católica, que atiende diariamente a más de uno de cada siete pacientes estadounidenses, según datos de la Catholic Health Association, y representa un rechazo rotundo a la ideología de género que, desde hace años, ha permeado sectores de la medicina secular bajo presión de agendas progresistas.

La votación, que tuvo lugar el miércoles 12 de noviembre, no fue un capricho coyuntural, sino el culmen de un proceso doctrinal iniciado con documentos previos del Vaticano en 2024 y de la propia Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) en 2023.

En la nota doctrinal «Límites morales a la manipulación tecnológica del cuerpo humano», los obispos ya advertían que «los servicios de salud católicos no deben realizar intervenciones, ya sean quirúrgicas o químicas, que tengan como objetivo transformar las características sexuales de un cuerpo humano en las del sexo opuesto, ni participar en el desarrollo de tales procedimientos».

Esta actualización a la séptima edición de las ERDs llena una «lacuna» en la versión anterior, como explicó el obispo auxiliar James Massa de Brooklyn, presidente del Comité de Doctrina de la USCCB, quien destacó la consulta con médicos católicos, bioeticistas y organizaciones de salud para alinear el texto con la antropología cristiana.

«La medicina moralmente legítima busca curar, reparar o preservar el bienestar del cuerpo, nunca destruir funciones naturales para imitar la apariencia del sexo opuesto», enfatizó Massa durante la presentación del 11 de noviembre.

El obispo Robert Barron, de la diócesis de Winona-Rochester en Minnesota, intervino con énfasis en la asamblea para subrayar la urgencia de esta declaración «clara y firme» contra la «ideología de género». Barron, conocido por su defensa pública de la fe en plataformas digitales, argumentó que la Iglesia debe proteger la integridad del cuerpo humano, creado a imagen de Dios como varón y mujer, frente a lo que describió como una confusión cultural impulsada por lobbies izquierdistas que priorizan la autopercepción subjetiva sobre la biología inmutable.

Esta postura no es aislada: en los últimos años, al menos seis diócesis católicas han emitido directrices restrictivas similares, negándose a reconocer identidades de género autodeclaradas en parroquias, escuelas y servicios sacramentales.

La prohibición ahora se extiende a todos los niveles, desde tratamientos hormonales que bloquean la pubertad hasta cirugías de reasignación sexual, tanto en adultos como en menores, y prohíbe incluso la participación en el desarrollo de tales procedimientos.

Esta decisión es un baluarte necesario contra la deriva ideológica que ha convertido hospitales en laboratorios de experimentación social.

Mientras asociaciones médicas como la Asociación Americana de Pediatría respaldan estos «cuidados» como esenciales, los obispos católicos los ven como una mutilación que sacrifica órganos sanos sin base terapéutica real, alineándose con críticas científicas crecientes sobre los riesgos irreversibles, como infertilidad y problemas óseos en jóvenes.

En un país donde los hospitales católicos son el único proveedor médico en muchas comunidades rurales –especialmente en estados conservadores como Texas o Pensilvania–, esta norma asegura que la caridad cristiana no se preste a prácticas que contradicen la enseñanza moral de la Iglesia.

Anteriormente lo habíamos reportado en Gateway Hispanic, destacando cómo la infiltración de la agenda trans en instituciones católicas amenazaba la coherencia doctrinal.

La Catholic Health Association, por su parte, reafirmó que los proveedores católicos «continuarán tratando a estas personas con dignidad y respeto», priorizando el servicio a los marginados sin comprometer principios éticos.

En última instancia, esta prohibición fortalece la identidad católica en un sistema de salud que fusiona fe y medicina, recordándonos que la libertad religiosa no es negociable. Cada obispo diocesano ahora tiene autonomía para implementar las ERDs como ley local, asegurando una aplicación uniforme.

Los obispos de Estados Unidos envían un mensaje inequívoco: la Iglesia no cederá ante presiones culturales que socavan la dignidad inherente al diseño de Dios.

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