May. 4, 2026 9:52 pm
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Guinea-Bissau vivió este 26 de noviembre de 2025 un golpe de Estado militar que derrocó al presidente Umaro Sissoco Embaló, apenas tres días después de unas elecciones presidenciales y legislativas marcadas por denuncias de manipulación y proclamaciones prematuras de victoria por parte del oficialismo y la oposición.

Los militares, liderados por el jefe del Estado Mayor del Ejército, irrumpieron en el Palacio Presidencial de Bissau con disparos que resonaron en la capital, deteniendo no solo a Embaló, sino también a líderes opositores como Fernando Dias y al ministro del Interior, Botché Candé, en un búnker subterráneo del cuartel general.

Este evento suspendió el proceso electoral, cerró fronteras y aeropuertos, y disolvió temporalmente la Constitución, en un eco de los nueve golpes e intentos fallidos que han plagado a esta nación africana occidental desde su independencia de Portugal en 1974.

El detonante inmediato fue la votación del 23 de noviembre, donde Embaló, del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), buscaba una reelección que él mismo anunció como victoria anticipada, superando el 50% de los sufragios, mientras el tercer candidato, Fernando Dias, respaldado por el opositor Domingos Simões Pereira —descalsificado por la Corte Suprema por retraso en documentos—, hacía lo propio.

La Comisión Electoral Nacional (CNE) planeaba revelar resultados definitivos este jueves, pero un ataque armado contra sus instalaciones frustró el anuncio, alimentando sospechas de un complot para alterar el escrutinio.

Fuentes militares justificaron la intervención alegando inteligencia sobre un plan de políticos nacionales y barones del narcotráfico para desestabilizar el país mediante fraude electoral, un problema endémico en Guinea-Bissau, convertida en puerta de entrada de cocaína hispanoamericana hacia Europa desde hace décadas.

Guinea Bisáu está en tendencia porque soldados han derrocado al gobierno en un golpe militar, liderado por el Jefe del Estado Mayor del Ejército. Los soldados actuaron basándose en una información, de que algunos políticos nacionales y magnates de la droga planeaban manipular las elecciones y provocar inestabilidad. Aparentemente, en 2023 los presidentes disolvieron la Asamblea Nacional. Y comenzó a gobernar por decreto. Como NASS estaba dominada por la oposición, despidió a todos y ha estado gobernando por orden ejecutiva. Además, el presidente Umaro Embaló dijo inicialmente que solo haría un mandato (2019-2025), pero cambió de opinión y regresó para un segundo mandato de otros cinco años, lo que causó grandes fricciones y tensiones en su partido y con la oposición. Este golpe de Estado llega horas después de las elecciones presidenciales del domingo, donde el presidente Umaro Sissoco Embaló ya se declaró ganador anticipado.

Esta no es la primera crisis bajo Embaló, quien asumió en 2019 prometiendo un solo mandato hasta 2025, pero optó por extenderlo, disolviendo la Asamblea Nacional en 2023 —dominada por la oposición— y gobernando por decreto, lo que exacerbó tensiones internas en el PAIGC y con rivales.

El PAIGC, herencia del marxismo-leninismo que impulsó la independencia, ha perpetuado la corrupción y clientelismo, aliándose con regímenes izquierdistas regionales que priorizan ideologías fallidas sobre desarrollo económico.

En un continente donde golpes recientes en Mali, Burkina Faso y Níger responden a la fatiga con gobiernos ineficaces, este derrocamiento resalta cómo la democracia importada, manipulada por élites corruptas, colapsa ante la realidad de la pobreza y el crimen organizado.

La comunidad económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) y la Unión Africana condenaron el golpe, exigiendo la restauración del orden constitucional, mientras Portugal, ex potestad colonial, instó a reanudar el proceso electoral.

Sin embargo, la indiferencia popular —reflejada en redes sociales— sugiere que muchos guineanos ven en los militares una alternativa a un liderazgo que ha ignorado necesidades básicas en favor de luchas de poder.

El mundo observa con cautela; un colapso mayor podría desatar flujos migratorios y expansión narco hacia Europa.

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