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Según las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional actualizadas en su World Economic Outlook, Polonia superará en 2026 a España en PIB per cápita medido en paridad de poder adquisitivo (PPA), con 58.559 dólares frente a los 58.348 dólares de España.
Esta es la primera vez en la historia que el país del Este europeo adelanta a uno de los grandes socios comunitarios del Sur en renta media por habitante, un indicador que refleja el poder adquisitivo real ajustado al coste de la vida.
El primer ministro polaco, Donald Tusk, celebró personalmente en un vídeo difundido en su cuenta oficial de X.
Dirigiéndose en español con un “¡Hola amigos!”, Tusk destacó que Polonia ya forma parte de “la élite económica europea” tras superar a España y acercarse al 87% de la renta per cápita del Reino Unido. Con entusiasmo deportivo concluyó: “¡Vamos!”.
El mensaje resume décadas de transformación: en 1989, al caer el Telón de Acero, la renta polaca equivalía solo al 21% de la española; hoy supera el 100% y se proyecta que alcance el 80% del nivel medio europeo a mediados de siglo.
Este éxito no es casual. Polonia aplicó desde 1989 la “terapia de choque” del ministro Leszek Balcerowicz: desregulación, apertura al capital extranjero, disciplina fiscal y transición rápida a la economía de mercado. El resultado ha sido un crecimiento medio anual del 4% durante más de tres décadas, con una única recesión en la pandemia.
Hoy la industria representa el 30% del empleo (frente al 20% en España), con exportaciones de automóviles, baterías eléctricas, componentes y servicios tecnológicos de alto valor.
El país se ha convertido en un imán de inversión: Google, Microsoft, Amazon e IBM han instalado centros de datos y operaciones, atraídos por mano de obra cualificada, incentivos fiscales, reducción de trabas burocráticas y una red logística modernizada con fondos europeos Next Generation.
Polonia ha construido incluso la primera fábrica de inteligencia artificial y el superordenador de IA más rápido del mundo.
En contraste, España mantiene un ritmo más moderado. El FMI proyecta para 2025 un crecimiento del 2,8% frente al 3,6% polaco, y para 2026 solo un 2,3%. El modelo español depende en exceso de servicios de bajo valor añadido y turismo, mientras sufre una desindustrialización acelerada: se pierden unos 400 empleos industriales diarios y empresas como Bosch o BSH han trasladado producción a Polonia buscando mejores condiciones.
La productividad sigue estancada y los sectores de mayor valor añadido no terminan de despegar. Este datob confirma el desplazamiento del eje económico europeo hacia el Este. Polonia ya adelanta también a Japón por segundo año consecutivo, supera a Israel y Nueva Zelanda y se sitúa un 15% por encima de Rusia.
Tras 37 años de liberalización, el país ha pasado de ser uno de los más pobres del continente a una potencia manufacturera y tecnológica que compite de tú a tú con las economías tradicionales.
El reto para España es recuperar terreno exige apostar decididamente por la industria, la productividad y la atracción de capital, en lugar de depender de un crecimiento basado en servicios de menor cualificación.
Polonia demuestra que las reformas estructurales serias y la orientación al mercado dan resultados concretos en renta y empleo real para los ciudadanos.
