Este martes el rey Carlos III se dirigió a una sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos en Washington, en un discurso que buscó reforzar la “relación especial” entre el Reino Unido y Estados Unidos, en un contexto de divergencias entre el gobierno laborista británico de Keir Starmer y la administración del presidente Donald Trump.
El monarca, que pronunció el segundo discurso de un soberano británico reinante ante el Capitolio desde que su madre, la reina Isabel II, lo hiciera en 1991, centró su intervención en la historia compartida, la reconciliación tras la independencia estadounidense y la necesidad de mantener una alianza fuerte frente a desafíos globales.
El discurso se enmarca en la visita de Estado de cuatro días del rey Carlos III y la reina Camila, organizada para conmemorar el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos.

Carlos III recordó los lazos culturales, históricos y de valores que unen a ambas naciones, desde la influencia de la Magna Carta en la tradición constitucional estadounidense —citada en más de 160 fallos de la Corte Suprema desde 1789— hasta la colaboración en momentos críticos del siglo XX. “Nuestros dos países siempre han encontrado la manera de unirse”, subrayó, según reportes de la cobertura en vivo.
El monarca enfatizó que la alianza “no puede descansar solo en logros pasados” y llamó a una “renovación y reconciliación” atlántica.

Destacó que “los desafíos que enfrentamos son demasiado grandes para que cualquier nación los soporte sola”, una frase que resuena como defensa de la cooperación internacional en un momento en que la administración Trump ha cuestionado compromisos multilaterales.
Carlos III hizo referencia explícita a la defensa de Ucrania contra Rusia y a la importancia de la OTAN como pilar de la “defensa común”, temas que han generado fricciones con Londres y otras capitales europeas.
Con su característico toque de humor británico, el rey bromeó sobre la independencia: “Me atrevo a decir que, si no fuera por nosotros, ustedes hablarían francés”, y aludió al incendio de la Casa Blanca por tropas británicas en 1814, diciendo que lamentaba “nuestro propio intento de remodelar la Casa Blanca”.

También condenó actos de violencia política, en alusión al reciente incidente en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, y afirmó que “esos actos de violencia nunca tendrán éxito”.
El discurso ocurrió horas después de que el rey se reuniera con el presidente Trump en la Casa Blanca, donde también se celebró una cena de Estado.
Aunque el monarca evitó confrontaciones directas, sus llamados a no ignorar “los llamamientos a volverse cada vez más hacia adentro (aislacionismo) y a mantener el compromiso global fueron interpretados por analistas como un mensaje sutil en medio de las tensiones bilaterales, especialmente respecto a políticas exteriores como la guerra con Irán y el apoyo a Ucrania.”
Carlos III recordó que “las palabras de Estados Unidos tienen peso y significado, pero sus acciones importan aún más”, y apeló a redoblar el “servicio desinteresado” que ha definido la relación transatlántica.
Los legisladores respondieron con aplausos frecuentes y ovaciones, incluido un momento destacado cuando el rey defendió los controles y equilibrios del sistema constitucional.
Este evento histórico subraya cómo, incluso en épocas de diferencias políticas entre gobiernos, la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido se sustenta en raíces profundas que trascienden administraciones específicas.
El rey, como figura por encima de la política partidista en su país, cumplió un rol diplomático tradicional de la monarquía británica: tender puentes y recordar los intereses compartidos en seguridad, comercio y valores democráticos.
