Abr. 16, 2026 3:50 pm

Evo Morales se atrincheró en una CASA FRANCA custodiada por comunarios cocaleros

Evo Morales se ha convertido nuevamente en el centro de la polémica política boliviana tras revelarse que permanece atrincherado en una casa franca en el trópico de Cochabamba, rodeado y protegido por comunarios cocaleros que actúan como su guardia personal. Esta situación, que refleja un escenario casi paramilitar, pone en evidencia la dependencia de Morales de sectores radicales y del cultivo de coca como base de su poder político, a pesar de haber dejado la presidencia hace años. El acceso al lugar está controlado por varios puntos de control manejados por campesinos armados con lanzas artesanales, escudos improvisados hechos de barriles y una estructura de vigilancia permanente, lo que da la impresión de un enclave paralelo al propio Estado boliviano.

Según testimonios recogidos en la zona, ingresar al reducto de Morales en UCA Ñ es prácticamente imposible sin autorización directa de los comunarios, quienes han asumido funciones de seguridad y filtro político. En estos retenes, se bloquea el paso a toda persona ajena al movimiento cocalero y, solo en ocasiones especiales, se concede permiso a medios de comunicación aliados o tolerados. La presencia de estos controles refuerza la percepción de que Morales vive bajo un esquema de aislamiento controlado, rodeado de leales que operan como una milicia informal.

El autodenominado Estado Mayor del Pueblo, formado por estas bases cocaleras, se ha erigido como una especie de guardia pretoriana al servicio del exmandatario. Con armas rudimentarias, pero con una disciplina férrea, los comunarios organizan turnos de vigilancia las 24 horas del día, asegurando que ninguna persona considerada adversaria se acerque a Morales. Este despliegue revela hasta qué punto Evo ha consolidado un santuario de poder paralelo en pleno territorio boliviano, en un desafío implícito a las instituciones del Estado y al propio gobierno de Luis Arce, que mantiene una relación ambivalente con su antiguo líder.

Las imágenes de comunarios con lanzas, escudos improvisados y barricadas improvisadas recuerdan a épocas de confrontación en Bolivia y alimentan las críticas de quienes denuncian que Morales no ha dejado de actuar como un caudillo que se cree indispensable para el futuro político del país. Mientras tanto, los vecinos de la región confirman que la casa franca no solo es refugio personal, sino también centro de operaciones políticas desde donde Evo dirige estrategias, convoca reuniones y mantiene un discurso que polariza a Bolivia.

El hecho de que un expresidente viva rodeado de barricadas y retenes, protegido por una milicia campesina, plantea serias preguntas sobre el respeto al Estado de derecho y sobre la fragilidad institucional en Bolivia. Muchos analistas consideran que esta situación refleja una suerte de doble poder: por un lado, las autoridades electas y, por otro, la estructura informal levantada alrededor de Morales, que sigue operando como si fuera el verdadero líder en las sombras.

La presencia de Evo Morales en este tipo de refugio no es solo una señal de debilidad política, sino también un recordatorio del grado de división que persiste en Bolivia. Para sectores conservadores y republicanos de la región, lo que ocurre en el trópico de Cochabamba es un ejemplo de cómo el populismo, apoyado en movimientos sindicales y cocaleros, busca mantenerse vigente mediante mecanismos de presión y control territorial. Lo preocupante es que estas prácticas no solo polarizan, sino que socavan el orden democrático y consolidan espacios de poder fuera de la legalidad.

Mientras tanto, Evo Morales insiste en proyectarse como la figura central del “proceso de cambio”, alimentando la idea de un eventual retorno político, pese a que su figura está manchada por denuncias de corrupción, autoritarismo y abusos de poder. Su atrincheramiento en una casa franca, custodiada por comunarios cocaleros armados, no es un gesto menor: es la puesta en escena de un caudillo que se resiste a ser relegado al pasado y que, a costa de la institucionalidad boliviana, intenta mantenerse como referente absoluto de la izquierda radical en América Latina.

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