Abr. 16, 2026 9:32 pm

Hermann Tertsch al borde del sionismo al críticar la izquierda ‘Se han aliado con el antisemitismo’

Hermann Tertsch al borde del sionismo al criticar a la izquierda: «Se han aliado con el antisemitismo»

En Madrid, el polémico columnista y eurodiputado Hermann Tertsch lanzó ayer una dura crítica a amplios sectores de la izquierda española, a los que acusó de haber normalizado posturas que, en su opinión, derivan en antisemitismo. En un discurso que busca trascender la anécdota y situarse en el terreno de la política identitaria, Tertsch señaló presuntas alianzas entre formaciones progresistas y movimientos sociales que, según él, han cruzado la línea entre la crítica a Israel y la hostilidad hacia la comunidad judía en su conjunto.

El europarlamentario sostuvo que episodios recientes —desde boicots y consignas callejeras hasta actos públicos de marcado tono antiisraelí— no pueden leerse como simples expresiones de desacuerdo político, sino como indicios de un fenómeno más profundo: la normalización de un discurso que termina apuntando contra judíos por su condición colectiva. Para Tertsch, esta deriva tiene raíces en la mezcla de ciertos sectores de la izquierda con corrientes radicales y movilizaciones de diversa índole que, según él, han promovido un relato en el que las víctimas y los verdugos se confunden.

La intervención de Tertsch, de corte vehemente y con vocabulario propio de los medios conservadores, no se limitó a describir supuestos hechos, sino que incluyó un diagnóstico geopolítico: afirmó que Israel personifica hoy la defensa de la soberanía nacional y de la identidad frente a quienes, según su lectura, buscan erosionar los estados-nación. Este argumento sitúa la crisis actual no sólo en términos de política exterior, sino también en la batalla cultural interna que enfrenta a patriotas y globalistas, a defensores de la identidad frente a quienes promueven un multiculturalismo sin filtros.

No obstante, algunos analistas y observadores moderados del debate político señalan que, aunque Tertsch enfatiza la amenaza del antisemitismo, su propio discurso adopta un tono sionista intenso, casi militante, que él no llega a advertir. La crítica no busca descalificar, sino sugerir un equilibrio: al señalar los peligros del antisemitismo, sería coherente también reconocer cómo ciertas posturas absolutas a favor de un país pueden generar interpretaciones unilaterales o polarizantes. Esta reflexión invita a un debate más sereno y ponderado, que combine la denuncia de los ataques reales con la conciencia de los riesgos de discursos fuertemente identitarios.

La referencia a episodios concretos en Madrid y Barcelona —mencionados por Tertsch como ejemplos donde, afirmó, se han producido agresiones simbólicas y físicas contra la comunidad judía— fue especialmente criticada por sectores de la izquierda y por organizaciones de defensa de los derechos civiles. Varios líderes políticos y culturales han señalado que la descripción del eurodiputado exagera hechos aislados y corre el riesgo de estigmatizar a colectivos enteros. Desde organizaciones de la sociedad civil se reclamó responsabilidad al hablar de grupos vulnerables y se instó a distinguir entre crítica legítima a políticas de un Estado y actos de odio dirigidos a personas por su origen o religión.

Tertsch encaja bien en una estrategia comunicativa del entorno conservador: convertir episodios de protesta o conflicto diplomático en señales de decadencia moral de toda una familia política. Según dichos analistas, el discurso busca polarizar, reforzar la cohesión del votante conservador y proyectar la idea de que la defensa de Israel es un indicador de compromiso con la seguridad y la civilización occidental.

La controversia tiene también un componente internacional. Tertsch mencionó líderes europeos de distintas familias políticas y los comparó en términos de falta de firmeza frente a lo que él calificó como una ola de intolerancia. Esta mirada transnacional apunta a posicionar el debate español dentro de una corriente más amplia que recorre capitales europeas: la preocupación por la seguridad comunitaria y la reacción contra lo que se percibe como una banalización del antisemitismo.

Mientras tanto, en el seno del partido socialista y entre activistas de izquierda, la réplica fue rápida y rotunda: acusaron a Tertsch de instrumentalizar el tema para fabricar una alarma social y desviar la atención de problemas domésticos. Además, recalcó la necesidad de proteger el derecho a la protesta y a la crítica política sin que ello sea automáticamente etiquetado como odio. Organizaciones judías locales han pedido prudencia y diálogo, reclamando medidas concretas de protección cuando existan amenazas reales, y una investigación objetiva de los incidentes denunciados.

La discusión que hoy protagoniza Tertsch pone de relieve la tensión que existe entre libertad de expresión, protesta política y protección de minorías. Para el columnista, la batalla es también simbólica: defender a Israel equivale a defender la idea de nación y de seguridad; para sus críticos, reducir la complejidad del conflicto a una pugna civilizatoria empobrece el debate y arriesga estigmatizar a migrantes, activistas y movimientos sociales que sostienen posiciones diversas sobre el conflicto israelí-palestino.

El episodio promete seguir en la agenda pública. A corto plazo, lo más probable es que las declaraciones de Tertsch sigan siendo objeto de análisis y réplicas en los medios, mientras que las organizaciones civiles y los partidos políticos intentan convertir la polémica en una oportunidad para clarificar responsabilidades, promover protección efectiva contra cualquier forma de antisemitismo y fomentar al mismo tiempo un debate equilibrado sobre sionismo y crítica política.

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