Abr. 16, 2026 6:05 pm

Miklos Lukacs: La trampa del Progresismo y la degradación moral del ser humano

Miklos Lukacs: La trampa del progresismo y la degradación moral del ser humano

El filósofo y escritor peruano Miklos Lukacs de Pereny, reconocido por su crítica al transhumanismo y al globalismo tecnocrático, ha vuelto a encender el debate sobre la crisis moral del Occidente moderno. En su más reciente conferencia, Lukacs advirtió que la llamada “agenda progresista” está conduciendo a una profunda deshumanización, disfrazada de modernidad y derechos. Su planteamiento es claro: el progreso actual ya no busca servir al ser humano, sino usarlo como herramienta para sus propios fines.

Según Lukacs, vivimos en una era donde el ser humano ha dejado de ser sujeto para convertirse en objeto de manipulación. La ideología progresista —en alianza con el poder tecnológico, las corporaciones globales y el cientificismo ideológico— ha promovido la idea de que todo lo que puede hacerse, debe hacerse. Esto incluye la experimentación con la naturaleza humana, desde la manipulación genética hasta la redefinición de la identidad biológica y espiritual del individuo.

El académico alerta que este proceso responde a una lógica de instrumentalización total, donde la eficiencia y el control reemplazan a la ética y la dignidad. En este esquema, el progreso ya no busca mejorar la vida del hombre, sino someterlo a un sistema de control tecnocrático, donde el ser humano es reducido a un simple engranaje del mecanismo global. Lukacs sostiene que esta dinámica no es accidental, sino parte de una agenda más amplia que promueve la separación del hombre de Dios y de la naturaleza.

Uno de los puntos más polémicos de su análisis es la devaluación del concepto de persona. Para el filósofo, la proliferación de términos como “seres sintientes” no es inocente. Se trata de una operación cultural destinada a equiparar al hombre con animales o incluso con organismos microscópicos, como las amebas o los protozoos. Bajo un discurso de “igualdad moral universal”, se difumina la distinción ontológica del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios.

Esta redefinición, según Lukacs, tiene consecuencias devastadoras: destruye la noción de dignidad humana y abre la puerta a una ética relativista, donde todo se justifica en nombre de la “ciencia” o la “inclusión”. El resultado es un mundo donde la moral desaparece y el hombre deja de tener un sentido trascendente. “El progresismo —advierte— no busca liberar al hombre, sino redefinirlo para controlarlo.”

En esta “trampa progresista”, el individuo moderno se siente libre porque puede elegir su identidad o su forma de vida, pero en realidad está más controlado que nunca por sistemas de vigilancia digital, inteligencia artificial y censura cultural. Lukacs describe esta paradoja como el paso del hombre espiritual al hombre funcional, donde ya no importa lo que el individuo es, sino lo que produce o consume.

El mensaje de Miklos Lukacs trasciende la filosofía: es una advertencia política, moral y espiritual. Frente a un mundo que exalta la ciencia sin ética, el placer sin límites y la libertad sin verdad, Lukacs llama a reconectar con la trascendencia. No se trata de rechazar la tecnología ni el progreso, sino de reordenarlos al servicio del bien humano, recordando que ninguna sociedad puede sostenerse cuando destruye la idea de lo sagrado.

La reflexión final del pensador peruano es contundente: “Cuando el hombre deja de verse como hijo de Dios, comienza a tratarse como residuo.” En esa frase resume la gran batalla de nuestro tiempo: una lucha entre la tecnocracia que deshumaniza y la espiritualidad que libera.

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