Abr. 17, 2026 2:57 pm

Van Hollen y el «Margaritagate»: Unas Margaritas que nadie bebió.

El senador demócrata Chris Van Hollen viajó recientemente a El Salvador con una misión tan urgente como cuestionable: reunirse con Kilmar Abrego García, miembro activo de la pandilla MS-13, para “evaluar” cómo ha sido tratado tras su deportación desde Estados Unidos.

Sí, leyó bien. En lugar de escuchar a víctimas de pandillas, o de buscar acuerdos que fortalezcan la seguridad en la región, un senador estadounidense decidió sentarse cara a cara con un criminal reconocido para analizar si las condiciones de su retorno fueron… apropiadas. ¿El objetivo? Los demócratas están considerando traerlo de vuelta a Estados Unidos. Porque al parecer, lo que necesita el sistema judicial estadounidense es más miembros de la MS-13, no menos.

Pero el momento culminante del viaje no fue el contenido de la reunión, sino el decorado. Durante la conversación, funcionarios salvadoreños colocaron sobre la mesa dos vasos con lo que parecían ser margaritas, generando un escándalo que el propio senador bautizó como “Margaritagate”.

Van Hollen explicó, casi con tono de denuncia internacional, que ninguno de los dos tocó las bebidas, y que el vaso frente a Kilmar tenía “menos líquido”, como si hubieran intentado fabricar la imagen de que el pandillero había bebido. Un montaje, insinuó el senador, dirigido a engañar al público.

“Si observas bien, no hay marcas en el borde de sal o azúcar. Nadie bebió nada”, insistió.

Para Van Hollen, esto no solo revela un intento de manipulación por parte del gobierno salvadoreño, sino también la complicidad del presidente Donald Trump, quien al ser consultado al respecto, “siguió la corriente”. Así, una escena montada con dos vasos —literalmente— se transformó en símbolo de corrupción y engaño político… más preocupante, al parecer, que el hecho de que un miembro de la MS-13 esté en conversaciones con senadores de Estados Unidos.

Al final, queda claro cuáles son las prioridades. Mientras miles de estadounidenses viven las consecuencias reales de la violencia, los demócratas están ocupados haciendo control de daños por dos vasos sin beber.

Porque claro, en esta versión moderna de la diplomacia progresista, lo verdaderamente grave no es reunirse con un pandillero.

Lo grave es que alguien crea que se tomó una margarita.