May. 2, 2026 9:09 am
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En las últimas dos semanas, se ha registrado una escalada en las actividades de vigilancia aérea por parte de Estados Unidos en la frontera con México.

Según reveló el periodista Carlos Loret de Mola en su programa de Latinus, no se trata de uno, sino de 18 vuelos espías que han estado operando cerca de territorio mexicano.

Este incremento en la actividad de espionaje ha sido confirmado por CNN, que señala que estas misiones representan un aumento dramático en comparación con el promedio histórico de una misión al mes CNN.

El primer vuelo que levantó sospechas ocurrió hace una semana, cuando un avión espía de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos fue detectado sobre el Mar de Cortés, entre Sinaloa y Baja California Sur.

El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum enfatizó que este vuelo no había entrado en el espacio aéreo mexicano.

Según informes, estos vuelos se han concentrado en las regiones de California, Arizona, y Texas, además de sobrevolar el espacio aéreo internacional cerca de la península de Baja California.

De estos 18 vuelos, al menos 11 fueron realizados por aviones P-8 Poseidon de la Marina, conocidos por sus sofisticados sistemas de radar que pueden detectar submarinos y recolectar información de inteligencia.

Los P-8 no solo son capaces de espiar; también pueden ir armados para atacar embarcaciones y submarinos, proporcionando información en tiempo real a otras unidades militares. Esto sugiere una posible preparación para operaciones más agresivas o directas contra los cárteles de la droga, una preocupación creciente para las autoridades mexicanas.

Además, se utilizó un avión U-2 en una de estas misiones. Este modelo, famoso desde la Guerra Fría por espiar a la Unión Soviética, vuela a alturas extremas (hasta 70,000 pies) donde los radares convencionales no pueden detectarlo, proporcionando información de inteligencia en tiempo real a las fuerzas terrestres y navales.

Otro vuelo de interés fue el del Boeing RC-135 Rivet Joint, que sobrevoló la península de Baja California el 4 de febrero.

Este avión está especializado en interceptar comunicaciones y señales electrónicas, proporcionando un análisis detallado de las actividades en tierra. Su presencia en estas misiones subraya el enfoque en la inteligencia de señales para combatir a los cárteles.

Este aumento en la vigilancia ocurre en un contexto donde las relaciones entre México y Estados Unidos bajo la administración Trump han sido tensas.

Bien es cierto que el presidente Trump ha amenazado con acciones militares directas contra los cárteles de la droga.

La respuesta del gobierno mexicano ha sido cautelosa. Aunque se ha reconocido la presencia de estos vuelos, no se ha descartado la posibilidad de que se estén llevando a cabo tareas de espionaje. Este reconocimiento ha generado una polémica sobre la soberanía y la cooperación en materia de seguridad entre ambos países.

Reflexionando sobre este asunto, es claro que la escalada de vigilancia por parte de Estados Unidos no solo es una señal de la creciente preocupación por el tráfico de drogas y la seguridad en la frontera, sino también una potencial escalada en las tensiones geopolíticas.

La administración Trump parece estar adoptando una postura más agresiva en su guerra contra los cárteles, lo cual podría llevar a confrontaciones diplomáticas o incluso militares si no se manejan con cuidado las relaciones bilaterales.

México, por su parte, debe evaluar cómo responder a estas acciones sin comprometer su soberanía, al tiempo que colabora en la lucha contra el crimen organizado. La transparencia y la comunicación abierta entre ambos gobiernos serán cruciales para evitar que esta situación se descontrole más allá de la vigilancia aérea.

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