May. 3, 2026 4:05 pm
fotos-pagina-web-gh-11

El 26 de enero se cumplió el quinto aniversario de la muerte de Kobe y Gianna Bryant en un fatídico accidente de helicóptero, en aquel 2020 en el que mundo cambió y no precisamente para bien.

No hace mucho que hemos recordado aspectos interesantes de su biografía gracias a la serie Kobe: Una storia italiana, que en verdad es de 2022.

Con todo, el recuerdo de Kobe sigue latente tanto por su calidad como baloncestista como por su carisma y su filosofía.

Los números nos hablan muy claramente de sus espectaculares logros deportivos.

Pero más allá de los números, su carisma arrollador, su carácter competitivo, su esfuerzo constante sin conocer la rendición; eso es lo que contagiaba a un equipo y a una afición; más allá de la clase, la técnica y los puntos, que de eso tenía muchísimo y todo se complementaba.

Kobe Bryant, sin duda, transmitía el entusiasmo por este gran deporte que, si bien hoy está obsesionado con los triplistas y se ha olvidado de defender (y no digamos como se hacía entre los 80 y los 90 del pasado siglo), no deja de ser una completa exigencia de concentración, intensidad, mentalidad y capacidad física.

Y es que el baloncesto es un deporte que se nos abre como completísimo espectáculo para comprenderlo como logro de equipo, por más que brillen las lógicas individualidades.

Kobe era un gran “personaje”, en el mejor sentido de la palabra.

Aun estando en la más absoluta cima, nunca olvidó sus orígenes y siempre estuvo agradecido a todo aquello que le ayudó a crecer, especialmente a los entornos italianos en los que pasó parte de su infancia y adolescencia y a los que volvía siempre que podía.

Conocedor y amante de la cultura hispana gracias a su esposa (cuyos orígenes son mexicanos), su religiosidad católica le ayudó a integrar y unir mundos del Mediterráneo al Atlántico; algo que a los hispanos nos suena familiar.

Deportista y competidor nato; superó las vicisitudes que se le fueron presentando en la vida con fe y con vocación de familia; como un padrazo carismático que adoraba a su Gianna y cuyas cómplices miradas se reflejaban en las canchas, provocando la admiración de propios y extraños; válgannos Luka Doncic y tantos otros al respecto.

El fatal día, tanto Kobe como Gianna asistieron a misa y comulgaron. Que no es poca cosa.

Su pérdida supuso un trauma para todos los que amamos el baloncesto.

Pero Kobe fue más allá del baloncesto, porque su ejemplo trascendía las canchas; aunque en las canchas era donde se transformaba, como él mismo reconocía.

Y es que es posible que hubiera baloncestistas que, a priori, tuvieran mejores cualidades; pero lo que hacía que Kobe Bryant marcara la diferencia era su mentalidad; una mentalidad ganadora que sabía que, para llegar a la meta, costaba mucho esfuerzo y sacrificio y así lo practicó en vida con constancia, tenacidad y entrenamiento, todo lo que le guio hacia el mérito.

Kobe fue un ejemplo de cómo la entrega y la superación redunda en la calidad y clarifica la vocación. Y también fue un ejemplo de volver al origen y agradecer lo que hemos recibido y nos ha ayudado a construir nuestras vidas. En los duros tiempos que nos han tocado, hay que tenerlo en cuenta.

About The Author