Abr. 20, 2026 5:37 am
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© Vitalii Stock / Shutterstock

A raíz del bulo propagado desde finales de julio de 2025 principalmente a través de la red social “X” que pretendía que los peruanos hubieran insultado españoles en la celebración del 28 de julio (fecha conocida como “fiestas patrias” en el Perú), se ha armado un quilombo en el que participan no sé cuántos “aguerridos” anónimos que, insulto en mano, nos hablan de purismos dizque “europeístas” y “civilizatorios” frente a unos hispanoamericanos que representarían la enemistad y la lejanía en cuanto a cultura, carácter y costumbres.

Así, de la noche a la mañana, resulta que según los defensores de la “raza pura” (muchos de ellos pasarían absolutamente desapercibidos a lo largo y ancho de Hispanoamérica gracias a su físico…) dictan que ser “hispanista” te convierte en “partidario de la inmigración ilegal y masiva” y “agente del globalismo” como mínimo; sin menospreciar las “obsesiones sexuales” por las mujeres hispanoamericanas, con las que usan términos los más despectivos posibles.

Y así, según los infalibles y anónimos “tuiteros”, la conclusión sería que existe una dicotomía abismal entre Europa e Hispanoamérica y que los hispanoamericanos son agentes del globalismo per se.

Dentro de los criterios de estos tuiteros, no entendemos por qué un estadounidense, por ejemplo, como Donald Trump (de ascendencia alemana y escocesa) sí es “blanco asimilable a Europa” y un venezolano hijo o nieto de españoles no lo es. Y es que se recuerda que tanto en Venezuela, como en Argentina llegó a haber medio millón de españoles emigrados; ¿sus hijos y nietos ya han perdido la “etnia”? (Y eso sin contar otros muchos puntos de Iberoamérica)

¿Qué dirán de los boers de Sudáfrica?

Cabe añadir que, además, muchas de estas visiones proceden de anónimos de Madrid y Barcelona; como si España se redujera a los problemas de estas dos ciudades. Y es que los que somos de otras zonas del país, no somos menos españoles ni tenemos por qué someternos a esta suerte de “dicotomía futbolera”.

Desde luego, ni entendemos ni compartimos que España en particular y la hispanidad en general deba dividirse entre Europa y América, porque la grandeza y las posibilidades de España radican precisamente en eso, en haber hecho Occidente.

Sin duda, España es parte de Europa. De hecho, Europa no existiría sin España; sin una España que muchas veces fue traicionada y vejada por otros países europeos y que gracias a su genio e ingenio logró extirpar el islam de su propio suelo y salvar a buena parte del viejo continente de su expansionismo.

A día de hoy, el significado de la batalla de Lepanto es más y mejor recordada en Grecia que en España…

Hablando de Grecia; hay cristianos de Siria y del Líbano que se reconocen como griegos en cuanto a espiritualidad y cultura. Y mucho más en común tienen con los griegos que con sus vecinos musulmanes; así como los griegos tienen más en común con ellos que con otros europeos.

Y reconocer esta realidad no es querer que Grecia se llene de inmigración descontrolada.

En cuanto al contexto europeo, muy reconocibles son nuestros lazos con la Europa grecolatina; empezando por nuestros vecinos portugueses, bordeando Francia y llegando hasta Italia y Grecia.

De hecho, fue una realidad que vivieron en su día los pieds-noirs, que fueron expulsados injustamente de sus tierras norteafricanas.

Los españoles también tenemos fuertes lazos con Irlanda y hay muchos otros rincones del Viejo Continente en los que podemos y debernos sentirnos muy a gusto.

Pero Europa no es una unidad étnica ni cultural.

Tan Europa es Albania como Bulgaria, Suecia, Bosnia o el Reino Unido; Reino Unido que, por cierto, mantiene su invasión sobre el territorio español de Gibraltar, lo cual supone una continua guerra económica y política contra España desde principios del siglo XVIII en uno de los puntos más geoestratégicos del planeta.

La invasión británica no es cosa del pasado y no por estar más lejos de Madrid o Barcelona pierde su importancia.

Y si hablamos de inmigración, tenemos inmigración inglesa en el Levante, desde la Costa del Sol a las Baleares, y no son precisamente un ejemplo de adaptación, puesto que ni se molestan en aprender a hablar español y muchos hosteleros se adaptan a sus horarios, como si los españoles fuésemos sus criados “porque dejan dinero”. Que si dejan dinero en sus borracheras y espectáculos lamentables, también dejan gastos en cuanto a gastos sanitarios.

Y no por ello se está quitando importancia al expansionismo marroquí que amenaza especialmente a Ceuta, Melilla y Canarias.

Los problemas hay que reconocerlos y hay que contarlo todo, en su extensión y complejidad. Por ello, reiteramos que no compartimos el porqué de ciertas “dicotomías” que pretenden imponer anónimos a través de X/Twitter.

Yéndonos por otros derroteros, cabe recordar que la aldea del Rocío está más presente en el Lejano Oeste americano que en Londres; así como los pueblos de los Andes son idénticos a los extremeños. La misma Nueva Orleáns nos puede transportar a La Habana, a Cádiz o a las Canarias:

Y es que muchos anónimos cortos de mente y edad nada saben de la España que yo conocí; porque mi infancia no transcurrió entre edificios de ciudades modernas. Yo crecí en un pueblo del Aljarafe sevillano, esto es, la España rural que en absoluto es tan diferente de muchas áreas rurales de la América Hispana.

De hecho, a nivel fonético, como andaluz occidental, tengo más en común con alguien del Oriente venezolano o del norte de Colombia que con alguien de Burgos o de Lérida.

 ¿Qué diremos de los isleños canarios?

 Recuerdo que, hasta no hace mucho, a nivel filológico se distinguía entre “norma castellana” y “norma atlántica”; y esa norma atlántica empezaba en la Baja Andalucía. Por la “lógica” ¿tendríamos andaluces y canarios (o incluso extremeños) que cambiar nuestros respectivos y variados acentos, para ser “más europeos”?

Así como España es parte de Europa y ha sido su salvaguarda histórica, América forma parte de la identidad y la cultura de España. No sólo hablamos a un nivel “histórico”, sino de una identidad tangible que nunca se ha ido. Entiendo que haya regiones en las que quizá no sea tan visible. Sin embargo, en la Andalucía atlántica y en Canarias sí que lo es. Y quizá me quedo corto.

Asimismo, me inclino por la teoría de Faustino Núñez, autor de «América en el flamenco» -entre otros-, que el barroco no es un «fenómeno exclusivamente europeo»; que puede tener su antecedente más remoto en la Península Ibérica (antes del siglo XVII) y en directo contacto con América.

Y por reconocer esta realidad no se está abogando por la inmigración descontrolada; fenómeno, por cierto, que no sólo afecta a España y a Europa en general, sino que se extiende por el mundo, creando problemas también entre los países africanos.

Nuevas protestas en Ghana piden la expulsión de los nigerianos del país. Los manifestantes en los eventos ‘Nigerians Must Go’ afirman que un gran número de nigerianos se está trasladando a Ghana, cometiendo delitos y creando guetos que desplazan a ghanesos. «¿Por qué están aquí? ¿En qué nos ayuda esto?»

La inmigración masiva no beneficia a nadie, salvo a ONG y políticos corruptos. Crea caos y profundiza las miserias. Y el maldito “efecto llamada” como engaño perpetuo, acompañado de ideologías victimistas, no hace sino acelerar este negativo proceso.

Pero reiteramos que hay que contarlo todo y exponer las cosas como son. Por ello, nada bueno traen estos debates amañados de antemano, malamente fabricados por manipuladores que no dan la cara.

España en particular y la Hispanidad en general (de la que también forman parte los Estados Unidos) tienen muchas posibilidades para labrar un futuro desde el conocimiento de lo que compartimos y el raciocinio que puede y debe inspirarnos ante este presente tan complicado.

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