Abr. 17, 2026 4:15 pm
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La lucha de ExxonMobil contra el régimen cubano ha alcanzado un punto crítico. La petrolera estadounidense, un coloso del sector energético, ha llevado su caso a la Corte Suprema de Estados Unidos, exigiendo una compensación multimillonaria por la confiscación de sus activos en Cuba hace más de seis décadas.

Este enfrentamiento no es solo un litigio empresarial; es un símbolo de la resistencia contra las expropiaciones injustas del régimen cubano y un desafío directo a su conglomerado militar GAESA.

Una demanda con raíces en la revolución.

Todo comenzó en 1959, tras el derrocamiento de Fulgencio Batista. Fidel Castro, al frente de la naciente revolución, nacionalizó propiedades de empresas extranjeras, incluyendo las de ExxonMobil, entonces conocida como Standard Oil.

La refinería Ñico López, ubicada en La Habana, junto con más de cien estaciones de servicio y terminales de almacenamiento, pasaron a manos del régimen sin compensación alguna. En 1960, la negativa de la refinería a procesar petróleo soviético fue el detonante de su confiscación, un acto que ExxonMobil califica como un robo descarado.

El valor de lo perdido.

En 1969, la Comisión de Liquidación de Reclamaciones Extranjeras de EE.UU. (USFCSC) tasó las pérdidas de Standard Oil en 71.6 millones de dólares de la época. Ajustado a la inflación y con intereses acumulados, ExxonMobil reclama hoy una suma que podría superar los 280 millones de dólares.

La petrolera argumenta que CIMEX y CUPET, empresas estatales cubanas bajo el paraguas de GAESA, han lucrado durante décadas explotando estas propiedades confiscadas, un delito contemplado en el Título III de la Ley Helms-Burton.

La Ley Helms-Burton: Un arma contra el comunismo.

Aprobada en 1996, la Ley Helms-Burton buscó endurecer el embargo contra Cuba y ofrecer justicia a los afectados por las nacionalizaciones. Su Título III permite a ciudadanos y empresas estadounidenses demandar a quienes “trafiquen” con propiedades expropiadas.

Sin embargo, este apartado estuvo suspendido por décadas, hasta que en 2019 el presidente Donald Trump lo activó. ExxonMobil no perdió tiempo y presentó su demanda contra CIMEX y CUPET en mayo de ese año, convirtiéndose en la primera gran corporación en aprovechar esta herramienta legal.

El camino judicial: Tropiezos y resistencia.

El litigio no ha sido fácil. En 2019, CIMEX y CUPET intentaron desestimar la demanda alegando inmunidad soberana bajo la Ley de Inmunidades Soberanas Extranjeras (FSIA). Argumentaron que, como entidades estatales, estaban protegidas de ser juzgadas en cortes extranjeras.

Un tribunal inferior rechazó esta defensa en 2021, permitiendo a ExxonMobil avanzar al considerar que la “excepción de actividad comercial” de la FSIA aplicaba, dado que las empresas cubanas realizaban operaciones lucrativas con los activos confiscados.

Sin embargo, en 2024, el Tribunal de Apelaciones de Washington D.C. congeló el caso. En una votación dividida (2-1), los jueces pidieron más análisis sobre si las acciones de CIMEX y CUPET tenían un “efecto directo” en EE.UU., un requisito clave para sortear la inmunidad soberana. ExxonMobil no se rindió y llevó el asunto a la Corte Suprema mediante un auto de certiorari, solicitando que el máximo tribunal revise el fallo.

La Corte Suprema: El último bastión.

A fines de 2024, ExxonMobil presentó su petición al presidente del Tribunal Supremo, John Roberts. En febrero de 2025, obtuvo una extensión hasta el 2 de abril para responder, mostrando su determinación. Además, sumó el respaldo de la Cámara de Comercio de EE.UU. y King Ranch, Inc., quienes aportaron amicus curiae defendiendo que las expropiaciones cubanas violan el derecho internacional y que las empresas cómplices deben rendir cuentas.

GAESA: El verdadero enemigo.

Detrás de CIMEX y CUPET está GAESA, el poderoso conglomerado militar cubano que controla gran parte de la economía de la isla. Desde hoteles hasta gasolineras, GAESA es el brazo económico de la dictadura, y sus ingresos sostienen al régimen.

ExxonMobil apunta a este gigante, acusándolo de enriquecerse con propiedades robadas mientras el pueblo cubano sufre pobreza y represión. Este caso podría exponer las entrañas del poder militar en La Habana.

El litigio trasciende a ExxonMobil. Actualmente, existen 8.821 reclamaciones certificadas por la USFCSC, de las cuales 5.913 suman más de 1.900 millones de dólares en pérdidas no resueltas.

Si la Corte Suprema falla a favor de ExxonMobil, se abriría la puerta a una avalancha de demandas contra entidades cubanas y extranjeras que operan con activos confiscados. Empresas europeas y canadienses, que han invertido en Cuba, tiemblan ante esta posibilidad.

La posición Cubana: Negación y desafío.

El régimen cubano no se queda de brazos cruzados. Ha calificado la Ley Helms-Burton como “extraterritorial” e “inaplicable” en su territorio, insistiendo en que las nacionalizaciones fueron legítimas. En 2019, sus abogados argumentaron ante tribunales estadounidenses que CIMEX y CUPET son entidades separadas del Estado, con patrimonio propio, y que no generan ganancias directas en EE.UU. Sin embargo, estas defensas han sido débiles frente a la evidencia de su actividad comercial con los bienes expropiados.

El contexto político.

Este caso llega en un momento de tensiones renovadas entre Washington y La Habana. La administración Trump reactivó el Título III como parte de su política de mano dura contra el comunismo en el hemisferio.

¿Qué Sigue?

El 2 de abril de 2025 será clave. Si la Corte Suprema acepta el caso, el fallo podría redefinir las relaciones comerciales con Cuba y el alcance de la justicia estadounidense sobre gobiernos extranjeros. Para los conservadores, esto es más que un pleito: es una batalla ideológica contra el legado de Castro y un paso hacia la liberación económica de Cuba.

ExxonMobil no solo busca recuperar lo suyo; busca sentar un precedente contra el saqueo revolucionario. Mientras el régimen cubano se aferra a su narrativa, la Corte Suprema tiene en sus manos una decisión que podría cambiar el juego. La justicia, aunque tarde más de 60 años, podría estar a punto de llegar.

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