Abr. 16, 2026 11:52 pm
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La noche del 8 de abril de 2025, lo que prometía ser una velada de música y celebración en el icónico nightclub Jet Set de Santo Domingo, se convirtió en una de las peores tragedias en la historia reciente de la República Dominicana.

El colapso del tejado del local durante un concierto dejó un saldo devastador: más de 200 víctimas fatales, entre ellas figuras prominentes del deporte, la política y la cultura. Este suceso ha conmocionado al país y al mundo entero.

Una noche que nadie olvidará.

El Jet Set, ubicado a una cuadra del Malecón de Santo Domingo, era más que un nightclub: era un símbolo de la vida nocturna dominicana.

Los lunes, sus noches de música en vivo atraían a locales y turistas por igual. Aquella fatídica noche, el protagonista era Rubby Pérez, conocido como «la voz más alta del merengue».

Cientos de personas pagaron 32 dólares por entrada para disfrutar de su espectáculo.

Poco después de la medianoche, el ambiente festivo se transformó en caos. Según testigos, el techo comenzó a ceder, primero con polvo cayendo y luego con un colapso total.

Videos captados por los asistentes muestran los últimos segundos de normalidad antes del desastre: luces de discoteca balanceándose, gritos y el estruendo ensordecedor del concreto desplomándose.

Las víctimas: un país en duelo.

El colapso se cobró la vida de 221 personas, según las cifras oficiales al cierre de las labores de rescate el 10 de abril. Entre los fallecidos, destacan nombres que resonaban en la sociedad dominicana y más allá:

  • Rubby Pérez, de 69 años, era una leyenda del merengue. Su muerte, confirmada el miércoles tras ser rescatado de los escombros, dejó un vacío en la música caribeña. Su hija, Zulinka, quien cantaba con él, sobrevivió milagrosamente gracias a las palabras de calma de su padre bajo los restos.
  • Octavio Dotel, exlanzador de las Grandes Ligas, falleció a los 51 años. Con una carrera que abarcó 13 equipos, incluyendo los Mets, Dotel era un ídolo deportivo. Fue sacado con vida de los escombros, pero murió camino al hospital.
  • Nelsy Cruz, gobernadora de Montecristi y hermana del beisbolista Nelson Cruz, también perdió la vida. Su última comunicación fue una llamada al presidente Luis Abinader, alertando que estaba atrapada.
  • Tony Blanco, otro exjugador de béisbol profesional, fue identificado entre las víctimas, sumando al luto del mundo deportivo dominicano.

Además, figuras como el diseñador de moda Martin Polanco, quien vistió a artistas como Daddy Yankee, y el hijo del ministro de Obras Públicas, Eduardo Guarionex Estrella, engrosan la lista de pérdidas irreparables.

La respuesta inmediata.

Las labores de rescate comenzaron de inmediato. Bomberos, equipos de defensa civil y voluntarios trabajaron sin descanso. Drones y maquinaria pesada fueron desplegados para remover escombros, mientras los hospitales de Santo Domingo recibían a los heridos.

De los 189 rescatados con vida, al menos 23 permanecían hospitalizados hasta el 10 de abril, ocho en estado crítico.

El presidente Luis Abinader, visiblemente afectado, visitó el lugar y prometió apoyo a las familias. «Estamos trabajando minuto a minuto«, escribió en redes sociales.

La alcaldesa Carolina Mejía destacó actos de solidaridad, como dominicanos ofreciendo café a los rescatistas y hasta un turista costarricense que se unió a las labores.

¿Qué falló?

Aún no está claro qué causó el colapso. El Jet Set, un antiguo cine convertido en discoteca, tenía 50 años de antigüedad.

Las autoridades han iniciado una investigación para determinar si hubo negligencia en el mantenimiento o si factores externos, como el clima o defectos estructurales, jugaron un papel.

Las denuncias en redes comenzaron a salir a la luz:

El propietario, Antonio Espaillat, estaba fuera del país al momento del incidente, pero regresó para colaborar con las pesquisas.

La tragedia ha reavivado el debate sobre la seguridad en edificaciones públicas. En un país donde la música y el baile son el alma de la cultura, lugares como el Jet Set son centros de reunión esenciales.

Sin embargo, la falta de inspecciones regulares y normas estrictas podría estar detrás de este desastre.

El impacto en la sociedad.

La magnitud de la tragedia trasciende las cifras. El Jet Set no solo era un lugar de fiesta, sino un punto de encuentro para la élite dominicana: políticos, atletas, banqueros y artistas.

La pérdida de tantas figuras públicas ha golpeado el espíritu nacional. Desde el Salón de la Fama del béisbol, con David Ortiz asistiendo al velorio de Dotel, hasta el Teatro Nacional, donde se despidió a Rubby Pérez, el luto es colectivo.

Las redes sociales se han llenado de mensajes de dolor y solidaridad. «No hay palabras para describir esta pérdida», expresó el exbeisbolista Pedro Martínez, quien conocía a más de 50 de las víctimas.

En el extranjero, la diáspora dominicana también llora, con al menos nueve ciudadanos estadounidenses confirmados entre los fallecidos.

Un duelo que apenas comienza.

Mientras las familias entierran a sus seres queridos, el país enfrenta el desafío de sanar. Los velorios masivos, como el de Pérez en el Teatro Nacional, reflejan la magnitud del impacto.

Las imágenes de personas sosteniendo fotos de sus familiares desaparecidos fuera del Instituto Nacional de Ciencias Forenses son un recordatorio de la angustia que persiste.

El gobierno ha prometido apoyo psicológico para los afectados y una investigación exhaustiva.

Sin embargo, las respuestas no llegarán rápido. La transición de la fase de rescate a la de recuperación, anunciada el 10 de abril, marca el inicio de un proceso largo para entender qué pasó y cómo evitar que se repita.

Esta tragedia nos confronta con una verdad incómoda: los lugares donde buscamos alegría pueden convertirse en escenarios de dolor si no se prioriza la seguridad.

La muerte de íconos como Rubby Pérez, Octavio Dotel y Nelsy Cruz no solo priva a la República Dominicana de talento y liderazgo, sino que expone una deuda pendiente con la prevención.

Mientras el merengue calla y los estadios guardan silencio, debemos preguntarnos: ¿qué más debe pasar para que la vida humana sea lo primero? La fiesta terminó en el Jet Set, pero la lucha por justicia y responsabilidad apenas comienza.

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