El colapso del techo de la discoteca Jet Set en Santo Domingo, el 8 de abril de 2025, dejó 231 muertos y más de 255 heridos, marcando la peor tragedia de la historia reciente de República Dominicana.
Mientras el país llora a víctimas como el merenguero Rubby Pérez, exbeisbolistas y la gobernadora Nelsy Cruz, las demandas legales contra los propietarios del local, Antonio Espaillat y Ana Grecia López, así como contra el Estado y la Alcaldía, se multiplican.
Estas querellas, que buscan justicia por homicidio involuntario y negligencia, exponen un sistema de fiscalización deficiente y una cultura de irresponsabilidad.
Una tragedia evitable.
La madrugada del 8 de abril, durante un concierto de Rubby Pérez, el techo de Jet Set colapsó sin previo aviso. Videos muestran escombros cayendo segundos antes del desastre, mientras los asistentes, entre 500 y 1000, disfrutaban del espectáculo, el desplome ocurrió a las 00:44, dejando un cráter en el lugar.
Expertos, como el ingeniero Norberto Rojas Mercedes, señalan una sobrecarga estructural por equipos pesados en el tejado, como aires acondicionados y generadores, sin columnas de refuerzo adecuadas. Un incendio en 2023, tras un rayo, ya había debilitado el concreto, pero los bomberos lo declararon seguro.
Las primeras demandas.
El 14 de abril, la familia de Virgilio Cruz Aponte, un teniente policial, presentó la primera querella penal contra Espaillat, López, el Estado y la Alcaldía de Santo Domingo. Al parecer exigen cargos por homicidio involuntario y una indemnización económica, alegando negligencia en el diseño y mantenimiento del local, así como omisión estatal en la supervisión.
Días después, las familias de Melissa Tejeda y Gustavo Suero se sumaron con demandas similares. Diario Las Américas reporta que estas querellas destacan la falta de inspecciones, pese a denuncias vecinales desde 2022 sobre obras irregulares. Los demandantes argumentan que el Estado falló en su deber regulador.
Demandas colectivas y clamor popular.
La indignación creció con una demanda colectiva liderada por Brian Saldaña, quien perdió a su esposa, Ruth Elisa Seija Jerez. Según Univision, Saldaña, junto a las firmas Silva & Silva y Law Firm en Miami, busca justicia en tribunales estadounidenses, acusando a los propietarios de negligencia grave. “No está detenida ni investigada”, criticó Saldaña sobre Espaillat en redes sociales.
Zulinka Pérez, hija de Rubby Pérez, también anunció una demanda. En Infobae, expresó que la tragedia fue “evitable” y culpa a los dueños por ignorar señales de deterioro, como la “arenilla” que caía del techo. La cantante Tokischa, en BBC Mundo, calificó el colapso como resultado de “una cadena de negligencias”.
Respuesta de los acusados.
Antonio Espaillat, propietario de Jet Set, ha intentado mitigar las críticas. En un comunicado se puso a disposición de la justicia, prometiendo “colaboración total y transparente”. Sin embargo, su mensaje en Instagram, donde expresó condolencias, fue recibido con escepticismo.
La Alcaldía, liderada por Carolina Mejía, activó un comité de respuesta y proporcionó 170 ataúdes, pero no ha respondido directamente a las demandas. El gobierno de Luis Abinader, del Partido Revolucionario Moderno, reconoció un “vacío legal” en la fiscalización de edificaciones privadas y prometió un proyecto de ley.
Negligencia sistémica.
Las demandas revelan un problema estructural: la falta de inspecciones rigurosas. El arquitecto Garivalddy de Aza, en Instagram, explicó que el techo de Jet Set, sin columnas de soporte, estaba condenado al colapso bajo el peso de equipos técnicos. Juan Villar González, expresidente del Colegio Dominicano de Ingenieros, señaló la ausencia de puertas de emergencia y mala circulación.
Un informe menciona un conato de incendio en 2023 que no fue investigado a fondo. Vecinos habían alertado sobre reformas sin permisos, pero las autoridades ignoraron las quejas.
El Estado, bajo Abinader, ha fallado en establecer regulaciones claras. Sin embargo, la izquierda, como el Partido de la Liberación Dominicana, intenta politizar el desastre, acusando al gobierno de “neoliberalismo”.
Esta narrativa es cínica: durante sus administraciones, la corrupción permitió que locales como Jet Set operaran sin escrutinio. La politización desvía la atención de la verdadera raíz: un sistema donde la ética es secundaria.
