May. 4, 2026 7:17 am
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Stanley Payne es un gran historiador estadounidense cuya carrera simboliza una vida y obra de pasión por España desde su cuna tejana donde acaso las misiones y el legado hispánico que se respira ya le adelantaron su vocación.

 Doctor en Historia por la Universidad de Columbia y profesor emérito de Historia en la Universidad de Wisconsin-Madison, en la cual ostenta la Cátedra Hilldale-Jaume Vicens Vives; forma parte de esas grandes personalidades estadounidenses que no dudan en mostrar su más sincero afecto por la historia de España.

El poeta Walt Whitman, el historiador y escritor Charles F. Lummis, el filósofo Frederick Wilhelmsen y  presidentes como William Taft, J.F. Kennedy o Ronald Reagan, forman parte de este elenco que podría y debería ser más conocido por el público hispano.

Stanley Payne se abre hueco en ese podio hispanista por derecho, llevando sus inquietudes e investigaciones tanto al público de los Estados Unidos como a todas aquellas lenguas a las que ha sido traducido.

Desde los años 50 de pasado siglo XX, Payne puso sus ojos en España, contactando primero con exiliados republicanos en Estados Unidos y luego especializándose en temas relacionados con la Guerra Civil, el falangismo, el carlismo o el franquismo, entre otros.

Payne nunca ha ocultado su interés y admiración por el catolicismo español, puesto que más allá de lo meramente religioso, también impregnó lo civil en muchos aspectos, universalizándose en el continente americano.

Frente a la Leyenda Negra que presupone España como una suerte de excepcionalidad negativa para el mundo occidental, nuestro historiador se ha detenido en el genuino fenómeno de la Reconquista, puesto que éste constituiría la auténtica excepcionalidad, esto es, un país cristiano que pudo recuperar su territorio frente al islam al cabo de ocho siglos, forjando además un proyecto expansivo desde la Edad Media; proyecto que abrió la Edad Moderna y cambió el mundo para siempre.

Asimismo, aun salvando las muchas y lógicas distancias, esa permanencia de espíritu y acervo significó mucho para que, en la Guerra Civil, el comunismo no pudiera apoderarse de España, lo cual supuso no sólo la derrota del Frente Popular, sino también de una Unión Soviética que intentaba colonizar políticamente el país.

Con todo, viendo la deriva totalitaria y dictatorial que los socialistas y otros partidos de izquierda han impuesto en España (no sin la pasividad y hasta con el concurso cómplice del Partido Popular), Stanley Payne se ha posicionado abiertamente contra la llamada “ley de memoria histórica”, luego “Ley de Memoria Democrática”, defendiendo la libertad de expresión y de investigación en un país que ha supuesto el desvelo de sus pesquisas.

En este convulso y confuso siglo XXI, Stanley Payne puede enseñarnos mucho, desde su Texas natal hasta su Wisconsin actual, pero también pasando por todo un mundo hispánico que puede y debe agradecerle su enorme labor divulgadora.

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