En un claro mensaje contra la intromisión estatal, la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha aprobado el “Big Beautiful Bill”, un proyecto de ley que revierte la impopular medida que obligaba a reportar al IRS cualquier transacción mayor a $600 realizada a través de plataformas digitales como PayPal, Venmo o Cash App.
Un respiro para millones de trabajadores independientes, emprendedores y ciudadanos comunes que no querían al Estado metido en cada centavo que mueven.
La norma anterior, impuesta por la administración Biden como parte del “American Rescue Plan” en 2021, redujo el umbral de $20,000 a $600, en lo que muchos críticos —con toda razón— calificaron como una medida de vigilancia masiva al estilo socialista, disfrazada de “control fiscal”.
Ahora, esa imposición ha recibido el rechazo frontal de la Cámara Baja.
Con el voto firme y unificado del bloque republicano, el nuevo proyecto fue aprobado en medio de fuertes críticas a la izquierda demócrata, acusada de convertir al IRS en un arma política y de persecución económica contra la clase media y los pequeños emprendedores. El argumento oficialista de “combatir la evasión fiscal” no logró convencer ni al pueblo ni a sus representantes electos.
El representante Kevin Brady describió esta reversión como “una victoria para la libertad financiera” y acusó a los demócratas de haber querido convertir al IRS en “una entidad inquisidora con más poder que sentido común”.
Lo cierto es que la norma anterior no tocaba a las grandes fortunas —los amigos de Wall Street o Silicon Valley siguen con sus lagunas fiscales intactas—, sino que iba directamente contra el ciudadano común. ¿Vendiste una bicicleta usada por $650? El IRS lo quería saber. ¿Recibiste un pago por hacer un trabajo independiente? También. Una locura.
El senador Bill Hagerty, también republicano, había advertido previamente que la medida no solo era abusiva, sino impracticable: el IRS no tenía la capacidad tecnológica ni humana para procesar esa avalancha de datos, lo cual terminaría generando caos burocrático y errores masivos.
Las reacciones no se hicieron esperar en redes sociales. Usuarios de X celebraron la medida con publicaciones irónicas y festivas. “El IRS tiene que esperar un poco más para saber cuánto me pagaron por pasear perros esta semana”, escribió un usuario. Otros compartieron memes en los que el Estado aparecía como un espía llorando al perder su juguete de vigilancia.
La medida ahora pasa al Senado, donde se espera una intensa discusión. Sin embargo, dado el rechazo generalizado de la población a esta forma de fiscalización digital, muchos senadores moderados podrían verse presionados a alinearse con el nuevo proyecto.
Lo más irónico es que los mismos progresistas que piden “menos vigilancia policial” y “más privacidad en redes” aplaudían que el Estado rastreara hasta el último dólar de un trabajador informal. Una doble moral que ya no sorprende, pero sí indigna.
Este giro legislativo no solo representa una victoria para quienes defienden la libertad financiera, sino que también envía una señal clara: los ciudadanos están hartos del control fiscal excesivo disfrazado de justicia tributaria. El “Gran Hermano del IRS” acaba de recibir un revés que ojalá marque el principio del fin de sus excesos.
Mientras tanto, el ciudadano común puede respirar tranquilo. Al menos por ahora, no tendrá que rendir cuentas al fisco por vender muebles usados, pasear perros o hacer un trabajo ocasional. Libertad 1 – IRS 0.
