La organización Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (VEPPEX) ha elevado una solicitud formal al gobierno de Estados Unidos para revocar la visa del futbolista Matías Lacava, hijo del gobernador chavista de Carabobo, Rafael Lacava.
La petición, dirigida al secretario de Estado Marco Rubio, se fundamenta en los lazos del joven deportista con un régimen acusado de violaciones a los derechos humanos y represión sistemática.
Un llamado desde el exilio.
El 9 de junio de 2025, VEPPEX, liderada por José Antonio Colina, envió una carta a Rubio solicitando la revocación inmediata de cualquier autorización de ingreso otorgada a Matías Lacava.
La organización argumenta que su presencia en el Mundial de Clubes, donde participará con el Ulsan HD de Corea del Sur, representa “una afrenta directa” para los venezolanos que huyeron de la opresión del régimen de Nicolás Maduro.
Matías Lacava, de 22 años, es un talentoso centrocampista que ha destacado en la K League 1 y con la selección venezolana.
Sin embargo, su apellido lo vincula directamente a Rafael Lacava, un aliado clave de Maduro sancionado por Estados Unidos desde 2019 bajo la Orden Ejecutiva 13692 por socavar la democracia en Venezuela.
El peso de los lazos familiares.
Rafael Lacava, reelecto como gobernador de Carabobo en las elecciones regionales del 25 de mayo de 2025, ha sido señalado por VEPPEX y otros grupos de exiliados como un actor central en la maquinaria represiva del chavismo.
Estas elecciones, según denuncias, estuvieron marcadas por la falta de transparencia, intimidación a votantes y exclusión de candidatos opositores.
“Muchos venezolanos han tenido que huir del país precisamente por la represión ejercida por figuras como Rafael Lacava. Ver a sus familiares directos disfrutar de eventos internacionales en EE. UU. es un golpe moral”, afirmó VEPPEX en su comunicado.
La organización subraya que permitir la entrada de Matías Lacava contradice los principios de justicia y los valores democráticos que Estados Unidos defiende.
El recorrido de Matías Lacava.
Matías Lacava nació en Caracas en 2002 y comenzó su carrera futbolística a los cinco años en el Fratelsa Sport FC. A los 11, se convirtió en el jugador sudamericano más joven en unirse a La Masía del FC Barcelona.
Tras enfrentar problemas contractuales, pasó por las academias de Lazio y Benfica antes de debutar profesionalmente con Academia Puerto Cabello en 2019, un club ligado a su familia.
Actualmente, Lacava brilla en el Ulsan HD, donde es una pieza clave para el Mundial de Clubes. Su talento es innegable: ha participado en las categorías inferiores de la Vinotinto y debutó con la selección mayor en la Copa América 2024.
Sin embargo, su ascenso deportivo se ve opacado por las críticas que lo acusan de beneficiarse de las influencias de su padre.
El caso de Matías Lacava plantea preguntas incómodas: ¿hasta qué punto es justo responsabilizar a un joven por los actos de su padre? ¿Debe el talento deportivo prevalecer sobre las consideraciones éticas y políticas?
Para los exiliados venezolanos, la respuesta es clara: permitir que familiares de figuras sancionadas ingresen libremente a EE.UU. envía un mensaje de impunidad.
Sin embargo, la situación también evidencia la complejidad de separar lo personal de lo político en un país fracturado como Venezuela. Lacava, un futbolista con méritos propios, se encuentra atrapado en una narrativa que trasciende su carrera.
Mientras los exiliados claman por justicia, el caso subraya la necesidad de políticas migratorias coherentes que no solo castiguen a los responsables de la opresión, sino que protejan a quienes han sufrido sus consecuencias.
La pelota está en el tejado de las autoridades estadounidenses. La decisión sobre la visa de Lacava no solo afectará su participación en el Mundial de Clubes, sino que sentará un precedente sobre cómo se aborda la relación entre deporte, política y derechos humanos.
