Un reciente estudio de la Universidad de Harvard ha sacudido el panorama científico al sugerir que el orotato de litio, una sal de este mineral, podría ser clave para prevenir y tratar la enfermedad de Alzheimer.
Publicado el 6 de agosto de 2025 en la prestigiosa revista Nature, este hallazgo abre una puerta esperanzadora en la lucha contra una enfermedad que afecta a millones de personas en el mundo, pero también plantea preguntas cruciales sobre su aplicación en humanos.
El equipo liderado por el neurocientífico Bruce Yankner, de la Escuela de Medicina de Harvard, analizó durante una década tejido cerebral humano y muestras de sangre de personas en diferentes etapas cognitivas, utilizando espectroscopia de masas avanzada.
Descubrieron que los niveles de litio, un mineral presente de forma natural en el cerebro, disminuyen significativamente en pacientes con deterioro cognitivo leve y Alzheimer avanzado, en comparación con individuos sanos.
Este hallazgo es revolucionario porque sugiere que la deficiencia de litio podría ser un desencadenante temprano de la enfermedad, más allá de las conocidas acumulaciones de proteínas beta-amiloide y tau, que no explican completamente el deterioro cognitivo.
En experimentos con ratones genéticamente modificados para desarrollar síntomas de Alzheimer, los investigadores observaron que una dieta baja en litio aceleraba la formación de placas amiloides, ovillos de tau y la pérdida de memoria.
Por el contrario, la administración de orotato de litio en dosis micromolares —mil veces menores que las usadas en tratamientos para el trastorno bipolar— revirtió estos daños, restauró la memoria y previno la neurodegeneración, incluso en ratones con enfermedad avanzada.
El litio no es un desconocido en la medicina; se utiliza desde hace décadas para tratar el trastorno bipolar debido a su capacidad para estabilizar el estado de ánimo. Sin embargo, este estudio revela que el litio endógeno, presente en bajas concentraciones en el cerebro, actúa como un protector neuronal, regulando la función de las microglías, las células inmunitarias cerebrales.
Cuando los niveles de litio disminuyen, las microglías se vuelven proinflamatorias, pierden su capacidad de eliminar proteínas tóxicas y activan genes de riesgo asociados al Alzheimer, como APOE y TREM2.
Un aspecto fascinante es cómo la beta-amiloide “secuestra” el litio en las primeras etapas de la enfermedad, reduciendo su disponibilidad y desencadenando una cascada de daños: inflamación cerebral, pérdida de sinapsis, desmielinización y deterioro cognitivo.
Este mecanismo sugiere que el litio podría ser un biomarcador para detectar el Alzheimer en etapas preclínicas, mediante análisis de sangre rutinarios.
Estudios previos respaldan estas conclusiones. En 2017, un análisis en Dinamarca con 800,000 personas mostró que las regiones con mayor concentración de litio en el agua potable tenían menor incidencia de demencia.
Este dato, combinado con el nuevo hallazgo, sugiere que el litio ambiental podría actuar como un “escudo” contra el Alzheimer, una hipótesis que merece mayor exploración.
El orotato de litio destaca por su baja toxicidad en dosis mínimas, a diferencia del carbonato de litio usado en psiquiatría, que puede ser riesgoso, especialmente en adultos mayores. En los experimentos, los ratones tratados con orotato de litio no mostraron signos de toxicidad tras largos períodos, lo que lo convierte en un candidato atractivo para ensayos clínicos en humanos.
Sin embargo, los investigadores, incluido Yankner, advierten que estos resultados son preliminares y no deben llevar a la población a consumir litio sin supervisión médica, debido a su potencial toxicidad.
Actualmente, fármacos como lecanemab y donanemab, aprobados por la FDA y la EMA, ralentizan el deterioro cognitivo en fases iniciales del Alzheimer, pero son costosos y presentan efectos secundarios graves, como inflamación cerebral y hemorragias.
El orotato de litio, al ser potencialmente más accesible y menos invasivo, podría complementar estas terapias, ofreciendo una alternativa preventiva o terapéutica más económica, si se valida su seguridad.
Este descubrimiento es un rayo de esperanza en un campo donde los avances han sido limitados. La idea de que un mineral presente en el agua y los alimentos pueda prevenir o revertir el Alzheimer es atractiva, especialmente en un contexto donde la izquierda suele abogar por soluciones farmacéuticas costosas que benefician a grandes corporaciones, mientras se ignoran enfoques más naturales y accesibles.
El Alzheimer no solo es un desafío médico, sino también económico y social, con costos globales proyectados en miles de millones para 2050. Si el orotato de litio resulta viable, podría aliviar esta carga, pero solo el tiempo y la ciencia lo dirán.
