May. 3, 2026 8:40 am
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¡Se cuece la polémica entre Morante de La Puebla y Andrés Roca Rey!

¿Será como la que había en el siglo pasado entre Joselito el Gallo y Juan Belmonte?

Todavía está por “trabajar”. Porque en verdad, estas polémicas son más lanzadas por la prensa que por los propios protagonistas de la fiesta. Y la prensa taurina revive justo en unos tiempos en los que, “teóricamente”, la tauromaquia no interesaba.

Pero como la realidad va por el lado diferente al que desearían los laboratorios sectarios, resulta que la torería nunca se ha ido de las mentes y de los corazones de muchos hispanos de ambos hemisferios y provoca la admiración y la curiosidad allende nuestras fronteras.

En el caso de Morante y Roca Rey, ha sido además en un lugar y una fecha emblemáticos: El Puerto de Santa María (Cádiz), mes de agosto.

Al andaluz le irrita un quite dizque extemporáneo de Roca Rey en el cuarto toro, se lo hace saber, y el limeño le espeta que, en todo caso, se fume un purito despacito.

O eso dicen…

En teoría, en un artículo de El Confidencial podemos encontrar algún que otro detalle al respecto.

Sin embargo, hallamos una frase que contiene el clásico clasismo y los estereotipos que los de siempre lanzan desde su mundo al mundo: (refiriéndose a Roca Rey) «Y su propia genealogía limeña rebasa el estereotipo del torero facha y españolazo…».

Al ser peruano (un peruano que vive desde hace mucho en España, concretamente en Gerena, donde empieza la Sierra Norte de Sevilla), ¿el estereotipo de Roca Rey tendría que ser algo progre a la fuerza?

Y luego la esquizofrenia sociocultural que padecemos en España, que sólo ser “muy español” es motivo de suspicacias y hasta de insultos… en España.

Con todo, como esposo de señora peruana y padre de hijas peruanas y amigo de muchos peruanos y residente por años en el Perú, concretamente en la Ciudad de los Reyes (también Flor y Nata de las Indias, Cortes de Sudamérica y Sevilla de América, entre otros); puedo decir sin temor a equivocarme que la chapa de “españoletes” y “fachos” se dirige en no pocas ocasiones hacia los taurinos limeños; cosa que no pasa en modo alguno en los Andes.

Y es que los progres peruanos serán todo lo progres que quieran (como Laura Arroyo, dizque periodista que vive en España y que “trabaja” para el canal estatal y exhibe a diario su odio contra España y los españoles) en según qué ámbitos urbanos, pero en los pueblos de la sierra, se cuidan mucho de los adobos del “wokismo”.

No es lo mismo predicar con aires de superadas en “la Cato” o ante la bohemia barranquina que en el interior de Áncash o Huamanga.

Así las cosas, como dijo el Nobel colombiano Gabriel García Márquez (y esto no le va a gustar a los progres estereotipadores que dizque presumen de admirarlo); “si la tauromaquia está destinada a morir, quisiera verla morir con honor y como se merece, cuando los taurófilos dejemos de ir a las plazas, y no cuando alguien ajeno me lo quiera imponer».

Pero es que, lejos de eso, la tauromaquia está muy viva y especialmente entre los jóvenes, tal y como se puede ver a lo largo y ancho de las plazas de España, Portugal, Francia (donde la tauromaquia está blindada por ley), México, Ecuador y Perú, entre otros; siendo prohibida arbitrariamente en Colombia, con casos parecidos en su día entre Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Todavía en Venezuela y Costa Rica añoran las tardes de toros, que a su vez, también se vivieron en el norte de África y en Mozambique; siendo este país del África Oriental la cuna del maestro Ricardo Chibanga, también conocido como “O Africano”; quien enriqueció el toreo desde Portugal a Sevilla.

Y, por cierto, no sabemos cómo socialistas, comunistas y Partido Popular van a encajar en España su liberticida “Ley de Memoria Democrática” a la “Brigada de los Toreros” que combatió en el Frente Popular.

Y es que, frente a los estereotipos progres, el mundo del toro siempre fue heterogéneo y popular; a veces, no bien comprendido o deseado por determinadas autoridades civiles y eclesiásticas; pero allá donde se encaminó el hombre ibérico y desparramó su cultura, enriqueciéndola con los aportes de las nuevas tierras, se asentó la tauromaquia; tanto a pie, como a caballo, con muerte, sin muerte; y con todo el trabajo ecológico que requiere esta ganadería exclusiva que se desvive por el toro de lidia, una raza única en el mundo que nos conecta con los antiguos uros que poblaron la Península Ibérica, la que también se conoce como la Piel de Toro.

Hace poco Morante ha sufrido un duro percance en Pontevedra y Roca Rey le ha mandado su apoyo. Al final de la corrida de El Puerto, se saludaron. No sabemos cómo la prensa va a gestionar esto.

Lo que sí sabemos es que estamos viviendo un renacimiento de la afición taurina y nos vienen muy de cerca las palabras del periodista español David Gistau QEPD, “una nación en sí misma, un pueblo en sí mismo… una cultura casi tan grande como la hispanohablante”:

No a todo el mundo le tienen que gustar los toros y tiene que primar el respeto, mas también la libertad.

Y acordándonos del maestro Víctor Barrio QEPD, el toreo, más que “defenderlo”, hay que enseñarlo; desde sus raíces, desde el trabajo en el campo, desde la dehesa como bosque mediterráneo con sus fervientes prolongaciones ultramarinas.

Así las cosas, que siga Morante, que siga Roca Rey y que siga la fiesta.

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