May. 4, 2026 2:02 pm
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En la compleja red de las finanzas mundiales, donde las decisiones repercuten a través de fronteras y economías, pocas figuras ejercen tanta influencia de manera tan silenciosa y profunda como Agustín Carstens.

Como exgerente general del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) —conocido como “el banco de los bancos centrales”— Carstens ha dirigido una de las instituciones más reservadas del mundo a través de tiempos turbulentos.

Economista mexicano con una carrera de más de cuatro décadas, Carstens personifica el ascenso de los mercados emergentes en las finanzas internacionales.

Sin embargo, como destacaba recientemente una publicación de Entrepreneur Insights en Instagram, “la mayoría de la gente no conoce su nombre, pero dirige el banco más secreto del mundo, el banco que controla a los bancos, y que tiene más poder que la mayoría de los presidentes.”

Este artículo explora la trayectoria de Carstens, el papel crucial del BIS en la configuración de la política monetaria global y sus visiones sobre la innovación digital, ofreciendo una mirada neutral sobre un hombre cuyo trabajo ha estabilizado economías desde México hasta el escenario mundial.

El camino de Agustín Carstens hacia la cima de las finanzas internacionales es un testimonio de rigor intelectual y liderazgo pragmático. Nacido en 1958 en la Ciudad de México en una familia de ascendencia alemana, creció en un hogar de clase media alta, donde aprendió tempranamente lecciones de economía a partir de realidades cotidianas, como el impacto de la inflación en el precio del transporte.

https://twitter.com/Vital_Vibration/status/1953838936570134791
Estas son las palabras de Agustín Carstens, gerente del BPI (Banco de Pagos Internacionales), el banco que controla todos los demás bancos centrales.
En este video lo explica de manera inequívoca: CBDC está destinado a controlar, no a detener el crimen. Piénsalo.

Se graduó en Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) en 1982 y obtuvo posteriormente una maestría y un doctorado en la Universidad de Chicago en 1985, instituciones que afinaron su conocimiento en política monetaria y economía internacional.

Su carrera profesional comenzó modestamente en 1980 en el Banco de México (Banxico), donde ascendió en áreas de asuntos internacionales, investigación económica y la oficina del gobernador.

A finales de los años noventa, se trasladó al escenario internacional como Director Ejecutivo de México ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) (1999–2000).

En el FMI, profundizó su experiencia como Subdirector Gerente (2003–2006), donde promovió la idea del “préstamo preventivo” para evitar crisis en lugar de simplemente resolverlas, un enfoque audaz frente a la doctrina tradicional del organismo.

En 2006, el presidente Felipe Calderón lo nombró Secretario de Hacienda y Crédito Público, cargo que ocupó hasta 2009.

Durante la crisis financiera global de 2008, su estrategia de cobertura petrolera, diseñada en los años noventa, protegió a México de la volatilidad de los precios del crudo, ahorrando alrededor de 5 mil millones de dólares y ganándole el apodo de “San Agustín” en su país de mayoría católica.

Este logro no solo estabilizó las finanzas de México, sino que también destacó su habilidad para combinar conocimiento académico con resiliencia práctica.

En 2010, Carstens se convirtió en Gobernador del Banco de México, puesto que mantuvo hasta 2017. Durante su gestión, fortaleció el marco monetario nacional, promoviendo la transparencia, la flexibilidad cambiaria y la cooperación multilateral.

Su influencia internacional alcanzó su punto máximo en 2011, cuando compitió con Christine Lagarde por la dirección del FMI. De 2013 a 2017, integró la junta directiva del BIS, donde presidió reuniones globales clave que vincularon economías avanzadas y emergentes.

Su máximo logro llegó en diciembre de 2017, cuando fue nombrado Gerente General del BIS, convirtiéndose en el primer latinoamericano en ocupar el cargo.

Fundado en 1930 y propiedad de 63 bancos centrales que representan alrededor del 95 % del PIB mundial, el BIS facilita la coordinación de políticas monetarias, ofrece servicios bancarios a bancos centrales y fomenta la estabilidad financiera.

Bajo su liderazgo, el BIS evolucionó de ser un reformador postcrisis a un centro de innovación. En 2019, Carstens lanzó el BIS Innovation Hub, inyectando una “mentalidad de start-up” a la institución de 95 años para explorar tecnologías como la tokenización y los pagos transfronterizos.

También presidió el Comité Monetario y Financiero Internacional del FMI (2015–2017) y formó parte del Consejo de Estabilidad Financiera (2010–2025), donde abordó temas como las reformas postcrisis, los riesgos climáticos y la digitalización.

El enfoque digital: prudencia e innovación

Uno de los rasgos más distintivos de su gestión ha sido su postura cautelosa pero progresista hacia las monedas digitales.

Durante años fue escéptico con las criptomonedas no reguladas, calificando al Bitcoin como un “esquema Ponzi” y un “desastre ambiental”. Sin embargo, cambió su enfoque para impulsar las monedas digitales de bancos centrales (CBDC) como una forma de proteger la soberanía monetaria.

Según sus declaraciones, las CBDC deben ser emitidas por bancos centrales con mecanismos de verificación de identidad, garantizando estabilidad y evitando la “criptoización”, en la que los tokens privados debilitan las monedas nacionales.

Bajo su liderazgo, más del 80 % de los bancos centrales estaban involucrados en proyectos piloto de CBDC para 2024, priorizando la interoperabilidad para evitar la fragmentación financiera.

Su enfoque equilibra la innovación con la prudencia, reflejando su creencia en que el dinero digital debe preservar la confianza en las instituciones públicas.

Aquí está Agustín Carstens, el masón español católico romano de México, diciendo que la moneda digital del banco central les dará «control absoluto sobre el dinero». Carstens se convirtió en el Gerente General del Banco de Pagos Internacionales (BPI) y también fue subdirector del FMI.

Impacto y cifras

Los informes anuales del BIS muestran cómo su influencia ha sido clave durante crisis globales.
Durante su gestión (2017–2025), el crecimiento económico mundial promedió 2.9 % anual, a pesar de shocks como la pandemia, y las políticas del BIS ayudaron a mitigar hasta el 15 % de posibles caídas económicas gracias a la coordinación monetaria global.

Entre los hitos se incluyen:

2019: creación del Innovation Hub durante la pandemia.

2021: pruebas piloto de monedas digitales transfronterizas.

2023: el 80 % de los bancos centrales involucrados en proyectos de CBDC.

2024: proyectos de tokenización ampliados y un “aterrizaje suave” de la economía global.

El legado de Agustín Carstens es de autoridad silenciosa y gestión transformadora. Desde proteger la economía mexicana hasta guiar al BIS hacia la era digital, ha demostrado que el poder financiero no necesita ser ostentoso para ser efectivo.

Sin embargo, su escepticismo hacia las criptomonedas y la naturaleza reservada del BIS han generado críticas legítimas. Algunos analistas se preguntan: ¿estos guardianes de las finanzas globales benefician realmente al sur global o refuerzan el poder de las élites?

Aun así, observadores neutrales reconocen sus logros: ahorros millonarios para México, impulso al multilateralismo y una adopción responsable de la innovación digital.

Al dejar su cargo el 30 de junio de 2025, cediendo el liderazgo a Pablo Hernández de Cos, su historia deja una lección clara: el verdadero poder radica en la visión prudente.

Para las comunidades hispanas conectadas con las remesas y el comercio global, la trayectoria de Carstens es un faro que demuestra que las voces emergentes también pueden moldear el rumbo económico del mundo.

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