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La aerolínea chilena Latam Airlines y la turca Turkish Airlines anunciaron este domingo la suspensión inmediata de sus operaciones hacia Venezuela. Esta medida se suma a las de al menos siete compañías previas, configurando una cascada de interrupciones que deja a Caracas aislada en medio de una escalada de tensiones regionales.
Todo ello tras el aviso emitido el viernes por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), que advierte de una «situación de seguridad en deterioro y actividad militar elevada» en Venezuela y el sur del Mar Caribe, recomendando a las tripulaciones «extremar la precaución» ante posibles amenazas a la aviación civil.
La FAA señaló en un documento informativo de antecedentes que desde septiembre ha habido un aumento en el número de aeronaves civiles que reportan interferencias en sus sistemas de navegación mientras sobrevuelan Venezuela.
«Aunque Venezuela en ningún momento ha expresado intención de atacar la aviación civil, el ejército venezolano posee aviones de combate avanzados y múltiples sistemas de armas capaces de alcanzar o superar las altitudes de operación de aeronaves civiles, así como un posible riesgo a baja altitud debido a sistemas portátiles de defensa aérea (MANPADS) y artillería antiaérea», señaló la FAA.
La decisión de Latam implica la cancelación de sus rutas diarias desde Santiago y São Paulo hacia el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, el principal hub venezolano, afectando a cientos de pasajeros varados en ambos lados del Atlántico Sur.
Turkish Airlines, por su parte, ha paralizado sus vuelos directos desde Estambul a Caracas, incluyendo escalas en La Habana, desde este lunes hasta el viernes 28 de noviembre, citando explícitamente la directriz de la FAA como motivo principal.
Anteriormente, lo habíamos reportado en Gateway Hispanic sobre la presencia masiva de aviones militares estadounidenses, incluyendo KC-135 y P-8 Poseidon, desplegados frente a las costas venezolanas en un claro mensaje de disuasión contra las provocaciones del chavismo.
Antes de Latam y Turkish, las aerolíneas Avianca (Colombia), Gol (Brasil), TAP Air Portugal, Iberia (España) y Caribbean Airlines habían suspendido sus servicios el sábado, dejando el espacio aéreo de Maiquetía prácticamente desierto para vuelos internacionales.
Incluso aerolíneas locales como Estelar han seguido el ejemplo, cancelando rutas clave a Madrid para los días 24, 26 y 28 de noviembre, alegando «motivos operativos» que ocultan el pánico ante la inestabilidad.
En total, al menos diez compañías han cortado lazos aéreos, un aislamiento que recuerda las sanciones aéreas impuestas en 2019 por la administración Trump, ahora revitalizadas bajo una presión renovada contra el narco-régimen madurista.
El aviso de la FAA, clasificado como NOTAM (Notice to Air Missions), no menciona amenazas específicas pero alude a riesgos de interferencia militar o incluso derribos accidentales, en un contexto de maniobras rusas y chinas en alianza con Maduro, que han exacerbado las tensiones con Washington y Bogotá
Esta advertencia llega en un momento crítico, con el Reino Unido emitiendo alertas similares y la Unión Europea monitoreando de cerca, mientras el chavismo responde con retórica belicista que solo profundiza el caos económico.
Para los venezolanos, atrapados entre la represión interna y el colapso de Conviasa —la aerolínea estatal en quiebra—, estas cancelaciones significan un corte vital en remesas, turismo médico y evacuaciones humanitarias, perpetuando el éxodo masivo que ha vaciado al país de sus talentos.
La FAA, bajo la égida de un gobierno republicano que no tolera más concesiones, le envía al régimen un mensaje muy claro: el aislamiento de Maduro no es negociable.
Mientras las aerolíneas priorizan la seguridad de sus operaciones —y de sus pasajeros—, el régimen se hunde en su propio pantano de corrupción y militarismo, recordándonos por qué la libertad de navegación aérea es un pilar de la democracia que el socialismo destruye paso a paso.
