Abr. 20, 2026 4:01 pm
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Colombia inadmitió y expulsó a ocho extranjeros entre el 14 y el 15 de abril de 2026 en el Aeropuerto Internacional José María Córdova de Rionegro, puerta de entrada al Valle de Aburrá.

Los controles, reforzados por alertas de aumento en este tipo de turismo, revelaron que los viajeros declaraban propósitos turísticos pero sus verdaderas intenciones apuntaban a la explotación sexual, según determinaron las entrevistas inmigratorias y revisiones de equipaje.

Entre los inadmitidos figuran cinco ciudadanos estadounidenses, incluido un policía retirado de ese país, y tres de origen indio con nacionalidad estadounidense.

Cuatro de ellos fueron devueltos en vuelos a Miami, mientras que los restantes regresaron a Panamá en rutas de Copa Airlines y Spirit Airlines.

Los oficiales detectaron elementos como cantidades inusuales de preservativos y objetos de uso sexual en sus pertenencias, además de confesiones directas durante las entrevistas que activaron el numeral 15 del Decreto 1727, por razones de soberanía y seguridad nacional.

En lo corrido de 2026, Antioquia acumula 41 inadmisiones por esta causal en el aeropuerto de Rionegro (algunos reportes actualizados hablan de 46), lo que representa casi la mitad de los casos nacionales, que superan los 60.

Entre 2025 y 2026, Migración Colombia ha rechazado a 170 extranjeros en total por turismo con fines de explotación sexual, con el 70% de las inadmisiones concentradas en Medellín y su área metropolitana.

La mayoría de los rechazados son estadounidenses. El sistema Angel Watch, que alerta sobre abusadores sexuales de menores, ha contribuido en 11 de los casos antioqueños, mientras que 29 se detectaron solo por entrevistas migratorias.

Las autoridades han intensificado la caracterización de pasajeros por nacionalidad, género, edad y origen de vuelo, cruzando datos con Interpol y agencias homólogas estadounidenses.

Esto responde a un incremento real y preocupante del turismo sexual en Medellín, que las redes sociales y comunidades como los “Passport Bros” han promocionado abiertamente como destino fácil para hombres extranjeros en busca de encuentros pagados, muchas veces con mujeres vulnerables o menores.

Lejos de ser un fenómeno marginal, este flujo amenaza la seguridad de las colombianas y la imagen misma de una ciudad que lucha por su recuperación.

El Estado colombiano ejerce su soberanía sin complejos ni concesiones ideológicas. No se trata de xenofobia, sino de defender la dignidad nacional frente a quienes ven a nuestras mujeres como mercancía.

Migración Colombia sigue aplicando deportaciones, expulsiones y prohibiciones de reingreso de hasta cinco años, asegurando que los controles se mantendrán y se fortalecerán.

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