Adriana Noreña originaria de Cali, Colombia, la ingeniera de 48 años que se convirtió en un símbolo de resiliencia cuando, el 2 de noviembre de 2005, descubrió su embarazo y, al día siguiente, recibió la oferta para liderar la apertura de la oficina de Google en Hispanoamérica.
Con once semanas de gestación, compartió la noticia con su futuro jefe, quien respondió con una felicitación sincera: «¿Cuándo comienzas?».
Ese apoyo incondicional no solo le permitió construir desde cero una operación que hoy abarca millones de usuarios en la región, sino que validó una verdad conservadora fundamental: la maternidad no es un obstáculo, sino una fuente de fortaleza que enriquece el liderazgo auténtico.
Desde su posición como vicepresidenta de Google para Hispanoamérica, con sede en São Paulo, Adriana Noreña ha promovido una cultura empresarial que respeta la jerarquía natural de prioridades: Familia y luego el trabajo.
En la entrevista, reconoció que, aunque ha aumentado la conciencia sobre la participación femenina en el ámbito profesional, muchas mujeres siguen mostrando mayor cautela que los hombres al asumir riesgos, prefiriendo sentirse “120% preparadas” antes de dar un paso adelante.
“Las mujeres llegaban diciendo ‘¿cómo te ayudo a que tengamos éxito?’ mientras los hombres venían a vender su propio trabajo”, comentó, destacando que esa tendencia a priorizar el apoyo colectivo sobre la iniciativa personal es un rasgo que, bien encauzado, puede ser una virtud, pero que también explica por qué aún son minoría en los puestos de mayor responsabilidad.
Este enfoque resuena con valores tradicionales que valoran la colaboración sobre la competencia agresiva, contrarrestando narrativas progresistas que ven la familia como carga en lugar de pilar.
Bajo su dirección, Google ha capitalizado la diversidad de Hispanoamérica para fomentar la innovación. Países como México y Brasil sirven de laboratorios para pilotos tecnológicos, replicables gracias a similitudes culturales, pese a retos como la escasez de capital de riesgo.
Los avances han sido notables: en 2005, el acceso a internet era limitado; hoy, emprendedoras en Boyacá, Colombia, venden productos por YouTube desde sus celulares, permitiendo a las mujeres emprender desde el hogar, priorizar a la familia y aún así aumentar el sustento del hogar.
La inteligencia artificial acelera este cambio, procesando datos en tiempo real para personalizar publicidad y finanzas, siempre con énfasis en la privacidad. Noreña advierte: «La IA es tan buena como los datos que le das»; en una región con adopción superior al promedio global (56% de empresas la usan), Google invierte un millón de dólares en capacitar 1.000 ONG para cerrar brechas, potenciando impactos sociales sin sesgos ideológicos.
Cuatro tendencias la emocionan: el streaming democratizado por celulares, el scrolling que exige atención fragmentada (donde la IA ayuda a conectar), la búsqueda multimodal (20.000 millones en Google Lens, un cuarto comerciales) y el shopping integrado, desde YouTube hasta tiendas físicas.
Para combatir el burnout, Noreña gestiona su energía con disciplina: entrena triatlón al amanecer, inspirando a su equipo con límites claros, como no viajar en el cumpleaños de su hija.
Su rutina diaria comienza con oración y Vatican News, honrando al Papa como inspiración junto a su esposo, hija y figuras como Sheryl Sandberg. Lecciones del triatlón –consistencia, adaptación– se aplican al trabajo, y viceversa, en metas como completar diez medios Ironman antes de los 60.
En un entorno corporativo dominado por una visión progresista que presiona a las mujeres a elegir entre la maternidad y la carrera, la trayectoria de Adriana Noreña desmiente esa falsa dicotomía: demostró que es posible liderar una operación regional de Google mientras se lleva adelante un embarazo y se pone la familia en primer lugar, sin pedir permisos especiales ni cuotas, solo con el respaldo de un liderazgo que valora la vida y la responsabilidad natural.
Su ejemplo recuerda una verdad que el feminismo institucional se niega a aceptar: el sistema imperante espera que las mujeres trabajemos como si no criáramos y quiere que criemos como si no trabajáramos.
¡Sí a la vida! ¡Sí a la familia!
