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En Irán el régimen teocrático ordenó un apagón total de internet y comunicaciones en todo el país en medio de protestas populares que llevaban ya 12 días.
Las manifestaciones, que comenzaron por el fuerte aumento de los precios y la caída del valor del rial, se intensificaron tras el llamado a la movilización de Reza Pahlavi, príncipe heredero del antiguo régimen monárquico iraní, desde el exilio.
Las protestas, que inicialmente surgieron por motivos económicos en finales de diciembre de 2025, han evolucionado hacia un amplio rechazo al régimen de la República Islámica y su liderazgo clerical.
En muchas ciudades del país, incluyendo la capital Teherán, miles de personas salieron a las calles y gritaron tanto contra el gobierno actual como a favor de un cambio profundo en el modelo político.
Según reportes de diversas ONG y agencias de monitoreo, el gobierno iraní cortó el acceso a internet y líneas telefónicas poco después de que iniciaran las protestas en la noche del jueves, en un intento por limitar la comunicación entre los manifestantes y la difusión de información al exterior.
Las cifras preliminares difundidas por organizaciones de derechos humanos mencionan que decenas de personas han muerto y cientos han resultado heridas durante las manifestaciones y la respuesta oficial.
El apagón digital se interpreta como una medida de tiranía del régimen para sofocar la creciente indignación pública y evitar que se organicen nuevas protestas.
Irán ha utilizado en el pasado ha hecho interrupciones del servicio de internet para limitar protestas sociales, como ocurrió en las grandes movilizaciones de 2019 y en otras oleadas de descontento nacional.
El apagón de internet decretado por el gobierno de Irán reveló la desesperación y miedo de sus líderes ante una ciudadanía cada vez más desencantada y movilizada, los regímenes autoritarios suelen recurrir a la censura digital para intentar silenciar las voces del pueblo.
Este corte de comunicaciones es una muestra clara de cómo la tecnología puede convertirse en arma de represión cuando un gobierno prioriza su poder por encima de la dignidad de sus ciudadanos.
La historia de Irán nos recuerda que las voces del pueblo no pueden ser apagadas simplemente cortando cables o servidores; tarde o temprano, la búsqueda de libertad y justicia real sale a la luz.
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