Abr. 21, 2026 11:17 am
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© Daniel Hernandez-Salazar / Shutterstock

El secretario de Estado Marco Rubio sostuvo una llamada telefónica con el canciller mexicano Juan Ramón de la Fuente.

Durante la conversación, Rubio enfatizó la necesidad urgente de una cooperación más sólida para desmantelar las redes violentas de narcoterroristas que operan en México, responsables del flujo masivo de fentanilo y armas que amenazan la seguridad nacional estadounidense y regional.

El Departamento de Estado confirmó que Rubio reafirmó el compromiso inquebrantable de Washington para erradicar el narcoterrorismo, insistiendo en «resultados tangibles» que protejan al hemisferio occidental de esta plaga.

Esta presión directa surge en un contexto donde el fentanilo producido por precursores químicos chinos y traficado por cárteles como el de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación ha causado más de 100,000 muertes anuales por sobredosis en Estados Unidos, un desastre humanitario atribuible en gran medida a la laxitud de políticas de izquierda en México.

Bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, heredera del fallido enfoque de «abrazos no balazos» de su predecesor Andrés Manuel López Obrador, México ha visto un aumento en la violencia cártel, con más de 200,000 homicidios desde 2018 y un control territorial creciente por parte de estos grupos criminales.

Rubio, conocido por su postura firme contra regímenes izquierdistas en Hispanoamérica, dejó claro que México juega un rol clave, pero que la inacción no será tolerada, marcando un contraste con la diplomacia blanda de administraciones previas demócratas.

La Secretaría de Relaciones Exteriores de México (SRE) respondió destacando «principios de soberanía», «responsabilidad compartida» y «colaboración» sin subordinación, siguiendo instrucciones de Sheinbaum.

Sin embargo, esta retórica evasiva ignora la realidad: el 90% de las armas usadas por cárteles provienen de Estados Unidos, pero el tráfico de fentanilo hacia el norte es un problema originado en laboratorios mexicanos, exacerbado por corrupción y políticas permisivas.

Expertos en seguridad señalan que sin medidas drásticas, como designaciones terroristas para cárteles y operaciones conjuntas, la crisis persistirá, afectando economías y sociedades a ambos lados de la frontera.

Anteriormente lo habíamos reportado en Gateway Hispanic sobre la intensificación de la presión de la administración Trump contra los cárteles mexicanos por el fentanilo en noviembre de 2025, donde se impusieron aranceles y se amenazaron restricciones adicionales por fallas en control fronterizo.

Esta llamada de Rubio representa una escalada lógica en la estrategia de Washington, priorizando la seguridad nacional sobre excusas ideológicas.

La gran pregunta es si esta presión realmente obligará al gobierno de Sheinbaum a endurecer su mano contra el narco, o si México seguirá aferrándose a su narrativa de «soberanía» y «colaboración sin subordinación», como ha reiterado la SRE, manteniendo límites claros y sin ceder a demandas unilaterales.

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