Alfonso Caride, sobre la unión entre Comunistas, independentismo y el Islam
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Alfonso Caride denuncia la alianza entre comunismo, separatismo e islam político: “La civilización cristiana está en jaque”
El analista y activista español Alfonso Caride ha vuelto a sacudir el debate político en España con unas declaraciones contundentes sobre lo que denomina una “alianza estratégica entre el comunismo, el separatismo y el islamismo político”, una unión que —según él— amenaza los cimientos mismos de la civilización occidental y de la identidad cristiana sobre la que se fundaron las libertades europeas.
Durante una intervención reciente, Caride denunció que los movimientos comunistas y separatistas, históricamente enfrentados entre sí por razones ideológicas o territoriales, han encontrado un enemigo común: la cultura occidental cristiana y la nación española como unidad. “Resulta curioso —dijo Caride— que los separatistas, tanto vascos como catalanes, que durante décadas nos han tratado como escoria, insultado y hasta asesinado, ahora abracen sin reservas la causa de la inmigración masiva ilegal y la introduzcan entre sus filas.”
Sus palabras reflejan una inquietud creciente dentro del pensamiento conservador: la instrumentalización de la inmigración irregular por parte de fuerzas de izquierda radical y del independentismo regional, que utilizan este fenómeno como herramienta política y demográfica. Según Caride, se trata de un proyecto globalista que busca diluir la soberanía nacional y reconfigurar el mapa cultural europeo.
“Estamos ante un plan más amplio —advirtió—. El comunismo se ha adaptado a los nuevos tiempos; ya no busca la revolución armada, sino la revolución cultural. Y lo hace aliándose con fuerzas que, en apariencia, deberían ser opuestas, como el islamismo político, que desprecia los valores que Occidente defiende. Pero los une un objetivo: derribar la civilización cristiana y el modelo de libertad que ésta generó.”
Caride también criticó el papel de las leyes de censura y de las llamadas políticas contra los “discursos de odio”, que a su juicio están siendo utilizadas para acallar las voces disidentes. “Hoy en España hay que medir cada palabra. Ya existen organizaciones financiadas por el propio Estado que se dedican exclusivamente a denunciar a quienes expresamos verdades incómodas”, señaló. “Decir que un inmigrante es ilegal, conforme a la ley, ya se considera delito de odio. La izquierda legisla para luego criminalizar a quien repite sus propias normas.”
El activista calificó esta dinámica como una “dictadura blanda”, un sistema en el que el ciudadano común teme hablar, y donde la corrección política se ha convertido en el nuevo dogma del poder. “El globalismo necesita sociedades dóciles, sin identidad ni raíces. Por eso destruyen la familia, atacan la fe cristiana y promueven un multiculturalismo que, lejos de integrar, fragmenta”, sentenció.
Analistas de corte republicano y conservador han respaldado sus palabras, señalando que la conjunción entre comunismo, separatismo e islam político no es una teoría conspirativa, sino una estrategia visible en el discurso de partidos y colectivos que comparten un mismo propósito: erosionar la soberanía de los Estados-nación. En España, esto se refleja en el apoyo de la izquierda a las demandas independentistas, en el silencio frente a la radicalización islámica y en el desprecio sistemático hacia las raíces cristianas del país.
Caride subrayó que el gran perdedor de este proceso es el ciudadano común, “aquel que trabaja, paga impuestos y cree en su país”. En su opinión, la sociedad española vive una “crisis moral y espiritual” que solo podrá revertirse recuperando el valor de la verdad, la identidad nacional y la defensa sin complejos de la cultura cristiana.
“El comunismo y el islamismo no son aliados naturales, pero comparten una visión: destruir el orden que los limita. Y ese orden es el legado cristiano de Occidente”, concluyó.
Las declaraciones de Alfonso Caride se suman a una corriente de pensamiento que advierte del peligro de un nuevo totalitarismo globalista, que utiliza causas aparentemente progresistas para minar las libertades reales. “No se trata de racismo ni de intolerancia”, afirman sus seguidores, “sino de defensa propia ante un proyecto que pretende borrar nuestra historia.”
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