May. 1, 2026 11:57 am

Alfonso Harb, Noboa ha Declarado la Guerra al Crimen Organizado pero necesita apoyo de EEUU

Alfonso Harb: Novoa ha declarado la guerra al crimen organizado, pero necesita apoyo urgente de Estados Unidos

Ecuador atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. El país, antes visto como un oasis de estabilidad en América del Sur, se ha convertido en un campo de batalla dominado por bandas criminales, extorsiones y violencia desbordada. Frente a esta amenaza, el presidente Daniel Noboa tomó una decisión sin precedentes: declarar la guerra al crimen organizado a través de un decreto de conflicto armado interno. Pero Alfonso Harb, destacado analista y político ecuatoriano, advierte que esta lucha no puede librarse en solitario: Ecuador necesita el respaldo firme y comprometido de los Estados Unidos.

El punto de quiebre ocurrió hace poco más de un año, cuando un grupo criminal armado ingresó violentamente a TC Televisión —uno de los canales nacionales más importantes— y tomó como rehenes a personas que se encontraban en pleno programa en vivo. Aquella escena, transmitida en tiempo real, conmocionó a toda la nación y evidenció que el crimen organizado ya no se limitaba a los callejones oscuros: había tomado el control de la esfera pública.

Desde ese momento, el gobierno de Noboa ha lanzado múltiples operativos, deteniendo a líderes criminales y desmantelando redes de extorsión. Sin embargo, como señala Harb, “detener a 100 o 500 criminales ya no es suficiente”. Se estima que existen entre 35.000 y 40.000 individuos vinculados activamente a bandas delictivas, un número que sobrepasa con creces la capacidad operativa del Estado ecuatoriano. Estos grupos han diversificado sus fuentes de ingreso: ya no solo trafican droga, sino que también extorsionan a comerciantes, controlan barrios enteros y exigen pagos ilegales —conocidos como «vacunas»— para permitir que la gente viva o trabaje en paz.

La situación es insostenible. El crimen común se ha fusionado con el crimen organizado, creando una maquinaria delictiva que avanza sin freno. Para Harb, la única salida realista es una alianza estratégica con Estados Unidos, similar a la que tuvo lugar durante los años más oscuros del narcotráfico en Colombia, cuando el gobierno norteamericano apoyó con tecnología, inteligencia e incluso operaciones conjuntas.

Esa alianza parece estar tomando forma. Harb recordó que, días antes de las últimas elecciones, el presidente Noboa se reunió de manera informal con Donald Trump en Mar-a-Lago, Florida. Este encuentro, aunque informal, sentó las bases para una colaboración futura. Posteriormente, Noboa anunció que Estados Unidos intensificaría su cooperación en temas de seguridad con Ecuador.

El mensaje de Harb es claro: Ecuador está peleando una guerra que ya no es solamente suya. El avance del crimen organizado en América Latina representa una amenaza directa para la seguridad regional y continental. “Estados Unidos debe actuar ahora, como lo hizo en Colombia. Ecuador no puede ganar esta guerra solo”, sentencia.

En un mundo donde los valores republicanos, la soberanía y la ley están siendo atacados por estructuras criminales bien financiadas y organizadas, la cooperación internacional no es una opción: es una obligación moral. La lucha de Ecuador es también la lucha de todos los que creemos en el Estado de derecho y en el derecho de los pueblos a vivir en libertad.

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