Abr. 28, 2026 7:51 am

Mulino viaja a Oslo y respalda a María Corina Machado en la entrega de Premio Nobel de la paz

La capital noruega se convirtió en el centro de la atención internacional tras la entrega del Premio Nobel de la Paz a la líder venezolana María Corina Machado, un reconocimiento cargado de simbolismo en medio de la prolongada crisis política de Venezuela. A esta ceremonia asistió el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, quien no solo acudió como jefe de Estado, sino como aliado político y defensor abierto de la causa democrática venezolana.

En declaraciones ofrecidas desde Oslo, Mulino explicó que su viaje tenía un propósito profundamente personal y político. “Vine a acompañar a una amiga, a una campeona, a una defensora de la libertad y de la lucha por la democracia en Venezuela”, afirmó. Enfatizó que su presencia era un homenaje no solo a Machado, sino también al pueblo venezolano, al que describió como víctima de una “dictadura prolongada que ha sofocado las libertades más básicas”. Para Mulino, la premiación no se limita a una figura política: representa “una victoria moral de todos los que aman la libertad y la democracia”.

El mandatario panameño fue recibido por medios internacionales que buscaban respuestas sobre el papel de Panamá en el proceso de transición democrática que la oposición venezolana ha intentado impulsar desde el extranjero. Uno de los puntos más sensibles abordados fue el resguardo de los registros electorales venezolanos, documentos que la oposición afirma haber logrado preservar ante el intento del régimen de Nicolás Maduro por manipular y borrar evidencia de fraude.

Mulino confirmó que Panamá está “protegiendo esos registros por ahora”, en lo que describió como un acto de responsabilidad histórica hasta que, según él, “se restaure el gobierno legítimo en Venezuela”. Aseguró que esos archivos están seguros y resguardados bajo los parámetros legales e internacionales que rigen la cooperación entre Estados. “Están bien protegidos y haremos todo lo que podamos dentro de la ley”, subrayó, una declaración que evidencia una postura firme frente al régimen venezolano y que contrasta con la cautela diplomática de otros países latinoamericanos.

La gran incógnita de la ceremonia era si Machado asistiría en persona a recibir el galardón. El presidente panameño indicó que mantenía información reciente sobre su situación, revelando que había conversado “hace media hora” con familiares cercanos de la líder opositora. “Todo indica que vendrá”, aseguró, alimentando la expectativa internacional y la esperanza entre los venezolanos dentro y fuera del país.

El Nobel de la Paz otorgado a Machado ha generado tensiones geopolíticas. Mientras gobiernos democráticos celebran el reconocimiento, el régimen de Maduro lo ha calificado como “una operación internacional de desprestigio”. En este escenario, la presencia de Mulino envía un mensaje claro: Panamá se alinea abiertamente con la presión internacional para lograr un cambio político real en Venezuela. Esta postura representa un giro significativo en comparación con años anteriores, cuando varios países de la región optaban por la neutralidad o incluso por relaciones pragmáticas con Caracas.

Las declaraciones de Mulino en Oslo también exponen un contraste con la pasividad de otros gobiernos latinoamericanos que han evitado pronunciarse sobre los abusos del régimen venezolano. Para analistas regionales, el gesto del presidente panameño no solo es diplomático, sino estratégico: intenta reposicionar a Panamá como un actor relevante en temas democráticos del continente, luego de años en los que el país estuvo enfocado principalmente en asuntos económicos.

El mandatario fue cuestionado sobre qué otras acciones tomará para respaldar al pueblo venezolano. Aunque evitó revelar detalles específicos, reiteró que Panamá continuará ofreciendo “todas las garantías posibles”, dentro del marco legal, para proteger documentación, facilitar asistencia consular y colaborar con organismos internacionales que den seguimiento a la crisis.

La ceremonia del Nobel se convirtió así en un escenario donde se cruzaron la diplomacia, la denuncia y la esperanza. La figura de María Corina Machado —perseguida, inhabilitada y forzada al exilio, pero respaldada por millones de venezolanos— simboliza una lucha que ya trasciende fronteras. Para Mulino, acompañarla es también un mensaje para el continente: el silencio ya no puede ser opción frente a regímenes autoritarios que intentan perpetuarse en el poder mediante el miedo, el fraude y la represión.

En Oslo, entre cámaras, discursos y un ambiente cargado de expectativa, el presidente panameño dejó claro que no se conformará con gestos simbólicos. Su compromiso declarado es apoyar el retorno de la democracia a Venezuela, proteger la evidencia electoral y respaldar a quienes siguen resistiendo desde dentro del país. Ahora queda por ver cuántos gobiernos de la región estarán dispuestos a seguir su ejemplo.