No hace mucho que escribíamos acerca de las inspiraciones ochenteras para tener en cuenta en los tiempos que corren:
Y es que, si bien continúa lo woke como factor dominante, lo cierto es que cada vez encontramos más respuestas en contra de esta tiranía liberticida que está aletargando a Occidente.
Y dentro de las respuestas, siempre hay arquetipos que más o menos nos marcan el camino, más allá de la mera política.
El 2 de febrero de 2024 nos dejó el actorazo Carl Weathers, cuyo papel en las películas de Rocky ha marcaron generaciones.
Carl Weathers que, por cierto, nació en Nueva Orleáns, una ciudad de innegable acervo hispánico:
Durante todo este año, se nos viene a la mente su profuso y curioso desde sus inicios en el fútbol americano hasta su llegada al mundo de la actuación, saliendo a la luz “Depredador”, “Mandalorian” y otros ilustres títulos.
Pero para mí y para muchos más, Carl Weathers siempre será Apollo Creed; aquel boxeador de arte y potencia que nos recordaba a Mohamed Ali y que, aun siendo arrogante, chulo, soberbio y bromista, sin embargo, era capaz de reconocer cuando alguien se esforzaba y le ponía el listón alto, llegando a ser amigo y entrenador de aquel “potro italiano” que por casualidades de la vida llegó a estar entre los grandes.
Aunque en verdad, esas casualidades (o más bien providencias) nunca hubieran fructificado sin el esfuerzo, el sufrimiento y la perseverancia que se deja ver en aquellas míticas películas.
Apollo Creed supo ser maestro y discípulo y su trágica muerte fue uno de los muchos estrambóticos y publicitarios episodios de la Guerra Fría.
Con todo, si bien aquellas películas no fueron un dechado de rigor técnico en cuanto a boxeo se refiere, sí que nos dejaron personajes que pasan a la posterioridad gracias a ese mundo de la ficción que a veces se vuelve tan real que nos dificulta distinguir. Aunque también es verdad que la realidad siempre acabando a la ficción.
El caso es que Carl Weathers formó parte de nuestras vidas gracias a “Rocky”.
Nos mantuvo en vilo, nos hizo reír, nos hizo soñar, nos hizo entrenar y nos hizo llorar.
Y por muchos mandalorianos y depredadores que reivindiquen con lógica y legitimidad su legado, para mí siempre será Apollo Creed, el campeón que boxeaba bailando y presumiendo y que llevó a aquel tipo humilde de Filadelfia a Los Ángeles y luego en su nombre llegó hasta Rusia.
