Últimamente ha crecido la preocupación por los trastornos del neurodesarrollo, y un estudio reciente del Hospital Mount Sinai ha reavivado el debate sobre el acetaminofén, también conocido como paracetamol o Tylenol.
Este analgésico, utilizado por más del 50% de las mujeres embarazadas en todo el mundo para aliviar dolores y fiebres, podría estar vinculado a un mayor riesgo de autismo y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en los hijos.
El informe, publicado en agosto de 2025 en la revista Environmental Health, analizó 46 estudios previos de grupos internacionales.
Aplicó la metodología Navigation Guide, un marco riguroso para evaluar evidencia ambiental. Los resultados muestran una asociación consistente: la exposición prenatal al acetaminofén eleva el riesgo de autismo en un 19% (odds ratio 1.19) y de TDAH en un 26% (odds ratio 1.26).
Diddier Prada, MD, PhD, investigador principal del Icahn School of Medicine at Mount Sinai, enfatizó: «Nuestros hallazgos indican que estudios de mayor calidad son más propensos a mostrar un vínculo entre la exposición prenatal al acetaminofén y riesgos elevados de autismo y TDAH».
El análisis incluyó 20 estudios sobre TDAH, ocho sobre autismo y 18 sobre otros trastornos neurodesarrollales. No es un hallazgo aislado. Un estudio de Johns Hopkins de 2019, basado en muestras de sangre de cordón umbilical de 996 niños, halló que niveles altos de acetaminofén triplican el riesgo de autismo (hasta 3.62 veces) y duplican el de TDAH (hasta 2.86 veces).
Investigadores midieron metabolitos en sangre al nacer y siguieron a los niños hasta los 8.9 años promedio. Otro trabajo, financiado por los NIH en 2025, confirmó patrones similares: el tercio medio de exposición eleva el riesgo de TDAH 2.26 veces y de autismo 2.14 veces.
Estos datos provienen de cohortes como el Boston Birth Cohort y el Nurses’ Health Study II. La biología subyacente apunta a mecanismos preocupantes. El acetaminofén cruza la barrera placentaria y puede inducir estrés oxidativo, alterar hormonas y causar cambios epigenéticos que interfieren en el desarrollo cerebral fetal. Especialmente en el tercer trimestre, cuando el cerebro se forma rápidamente, el riesgo parece acentuarse.
En septiembre de 2025, la FDA de EE.UU. respondió con una carta a clínicos, iniciando cambios en etiquetas de productos como Tylenol. Citó «evidencia acumulada» de asociación con autismo y TDAH, recomendando dosis mínima y duración corta.
Este anuncio coincidió con declaraciones del presidente Donald Trump y el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. En una conferencia en la Casa Blanca el 22 de septiembre, Trump declaró: «El acetaminofén durante el embarazo puede asociarse con un riesgo muy elevado de autismo. No tomen Tylenol. Luchen como el infierno para no tomarlo».
Kennedy, conocido por su escepticismo hacia intervenciones médicas, respaldó: «La administración Trump no cree que más pastillas sean siempre la respuesta para mejor salud».
Ambos líderes vincularon esto a la «epidemia de autismo», con tasas subiendo casi 400% desde 2000, afectando a 1 de cada 31 niños estadounidenses. Anunciaron una campaña pública y aprobación acelerada de leucovorina, un fármaco para deficiencias de folato en autismo.
Sin embargo, el dilema para las embarazadas es palpable. El acetaminofén es la única opción over-the-counter aprobada para fiebre y dolor en gestación. Alternativas como ibuprofeno o aspirina elevan riesgos de aborto, defectos cardíacos y hemorragias. Fiebres no tratadas causan defectos del tubo neural, parto prematuro y autismo por sí solas.
Estudios contradictorios alimentan la confusión. Un cohorte sueco de 2024 con 2.48 millones de niños, usando controles de hermanos para eliminar sesgos genéticos, encontró no asociación causal. Riesgos absolutos eran mínimos: 1.33% vs 1.53% para autismo, 2.46% vs 2.87% para TDAH.
Un meta-análisis europeo de 2021 en seis cohortes (73.881 niños) mostró odds elevados solo en exposición prenatal, no postnatal, pero críticos señalan sesgos de recuerdo y confounding genético: madres con predisposición a autismo reportan más dolor y usan más analgésicos.
La EMA y autoridades australianas y británicas rechazaron las afirmaciones de Trump: «No hay evidencia de vínculo causal». Kenvue, fabricante de Tylenol, alertó: «Esto genera riesgos de salud y confusión para madres expectantes».
En España e Hispanoamérica, estudios como el de ISGlobal (2021) con 70.000 niños europeos respaldan asociaciones, pero enfatizan precaución sin pánico.
Expertos como Zeyan Liew de Yale urgen: «No hay causalidad probada. Consulten proveedores; usen dosis baja y corta». El consenso: el beneficio supera riesgos teóricos para uso moderado.
Este avance científico, respaldado por el liderazgo visionario de Donald Trump y Robert F. Kennedy Jr., pone en el centro un compromiso inquebrantable con la salud pública. Su postura valiente, desafiando el conformismo de las agencias de salud, busca proteger a las futuras generaciones al alertar sobre los riesgos del acetaminofén.
En un mundo donde la confianza en las instituciones médicas está fracturada, su llamado a la precaución es un acto de responsabilidad, priorizando la seguridad de los más vulnerables: los niños por nacer.
Reflexionando, esta controversia trasciende lo científico; es un testimonio del poder de líderes dispuestos a cuestionar el statu quo. Kennedy, con su incansable defensa de la salud, impulsa una revolución en la conciencia pública, abogando por alternativas seguras y más investigación.
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