May. 4, 2026 11:44 am
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El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó este lunes 17 de noviembre de 2025 una resolución que respalda íntegramente su ambicioso plan de paz de 20 puntos para la Franja de Gaza.

Este documento, que ya sirvió de base para el acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hamás el mes pasado, establece una autoridad temporal bajo supervisión internacional, el despliegue de fuerzas aliadas para asegurar las fronteras y la desmilitarización total del enclave, poniendo fin a años de caos fomentado por el terrorismo radical.

En un emotivo y triunfal mensaje publicado en su plataforma Truth Social inmediatamente después de la histórica votación del Consejo de Seguridad de la ONU, el presidente Donald Trump celebró el respaldo unánime a su plan de paz para Gaza, destacando su rol como presidente de la Junta de Paz y el impacto global de esta decisión.

«Enhorabuena al mundo por la increíble votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, hace unos momentos, reconociendo y respaldando la JUNTA DE PAZ, que será presidida por mí e incluirá a los líderes más poderosos y respetados de todo el mundo.

Esto pasará a la historia como una de las mayores aprobaciones en la historia de las Naciones Unidas, conducirá a una mayor paz en todo el mundo y es un momento de proporciones históricas verdaderas.

Gracias a las Naciones Unidas y a todos los países del Consejo de Seguridad de la ONU, China, Rusia, Francia, Reino Unido, Argelia, Dinamarca, Grecia, Guyana, Corea del Sur, Pakistán, Panamá, Sierra Leona, Eslovenia y Somalia.

También gracias a aquellos países que no formaron parte de este Comité, pero que apoyaron firmemente el esfuerzo, incluyendo Catar, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, el Reino de Arabia Saudí, Indonesia, Turquía y Jordania. Los miembros de la Junta y muchos más anuncios emocionantes se harán en las próximas semanas».

Mientras la izquierda global, obsesionada con concesiones unilaterales a grupos extremistas, se queja de «imposiciones», este avance pragmático prioriza la seguridad de Israel y la reconstrucción sostenible, corrigiendo los desastres diplomáticos heredados de administraciones débiles como la de Joe Biden.

El plan de Trump, detallado en cumbres como la de Sharm al-Sheij, no es una utopía ingenua, sino un marco realista que aborda las raíces del conflicto. En su fase inicial, prevé la liberación inmediata de rehenes israelíes a cambio de un cese de hostilidades, seguido de la salida progresiva de las tropas israelíes de Gaza.

Una autoridad transitoria, respaldada por un Consejo de Paz liderado desde Washington, supervisará la gobernanza diaria hasta finales de 2027, con énfasis en la protección de civiles y corredores humanitarios.

Aquí radica la innovación clave: el despliegue de una fuerza multinacional de paz, con tropas de aliados como Estados Unidos, Reino Unido y posiblemente Arabia Saudita, para custodiar las fronteras con Israel y Egipto, impidiendo el reabastecimiento de armas a Hamás.

Este contingente no solo garantiza estabilidad, sino que habilita un programa masivo de reconstrucción, financiado internacionalmente, que incluye desarrollo económico y deradicalización educativa, transformando Gaza en un enclave próspero en lugar de un bastión terrorista.

La votación en el Consejo de Seguridad fue un 13-0 a favor, con abstenciones de China y Rusia, lo que refleja el consenso global alrededor de la visión trumpiana.

Israel celebró con entusiasmo la aprobación por parte del Consejo de Seguridad de la ONU del plan de paz de 20 puntos promovido por el presidente Donald Trump, que contempla el despliegue de una fuerza multinacional de 20 000 efectivos y la creación de una Junta de Paz presidida personalmente por el mandatario estadounidense.

El primer ministro Benjamín Netanyahu declaró que esta resolución representa un paso decisivo hacia la desmilitarización completa de Gaza, la integración del enclave en la normalización regional y la ampliación de los Acuerdos de Abraham a nuevos países árabes.

Por su parte, Hamás rechazó de forma tajante la resolución, argumentando que no atiende las aspiraciones políticas ni las necesidades humanitarias del pueblo palestino tras más de dos años de guerra, y denunciando que el plan impone una tutela internacional que beneficia exclusivamente a Israel y rompe con la neutralidad que debería tener cualquier fuerza de paz.

Mientras Israel interpreta el acuerdo como la vía definitiva para alcanzar una estabilidad duradera y segura, Hamás exige a la comunidad internacional garantías reales de derechos palestinos, autodeterminación y un cese el fuego supervisado únicamente por Naciones Unidas, sin la intervención directa de Estados Unidos al frente del proceso.

Anteriormente, lo habíamos reportado en Gateway Hispanic, donde advertimos sobre las amenazas de Hamás y el rol decisivo de Trump en la liberación de rehenes, como en esta cobertura de octubre.

Este logro no es casualidad. Trump, con su enfoque «América Primero» extendido a la paz regional, ha forzado a adversarios a negociar en términos realistas, contrastando con la parálisis de la era Biden, donde miles murieron en un ciclo de impunidad.

Críticos de izquierda, como aquellos en medios europeos, lo tildan de «rechazo a derechos palestinos», pero ignoran que el plan exige un Gaza desarmado y gobernado por palestinos moderados, no por yihadistas. Es un modelo que podría replicarse en Líbano o Yemen, demostrando que la fuerza disuasoria, no las resoluciones vacías de la ONU, trae resultados.

En resumen, el respaldo onusiano al plan de Trump marca el fin de una era de concesiones fallidas y el inicio de una estabilidad duradera. Israel gana seguridad, los palestinos una oportunidad real de prosperidad, y el mundo un precedente contra el extremismo. Como siempre, el genio negociador de Trump prevalece donde otros fracasan.

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