La clase dirigente europea recibió un brutal llamado de atención el mes pasado cuando el renombrado académico estadounidense John Mearsheimer se dirigió al Parlamento Europeo por invitación de los nacionalistas flamencos del Vlaams Belang.
Hablando sin rodeos, argumentó que la guerra en Ucrania no sólo ha devastado al país, sino que ha acelerado el colapso de la relevancia geopolítica de Europa.
Para Mearsheimer, el continente está “en grave peligro” y su declive es, en gran medida, resultado de los delirios políticos del arraigado establishment globalista europeo.
Recordó a la audiencia que la estabilidad de Europa después de la Segunda Guerra Mundial no provino de los lemas de Bruselas ni de los tratados de la UE, sino del poder militar estadounidense y del paraguas de seguridad de la OTAN.
Esa era, dijo, ha terminado. Con el ascenso de China y la reafirmación de Rusia, el orden global ahora es multipolar, y Washington ya no subsidiará la seguridad de Europa mientras las élites europeas moralizan sobre el «orden basado en reglas».
En su opinión, Estados Unidos debe concentrarse en competir con China y gestionar la inestabilidad en Medio Oriente, dejando a Europa como una prioridad mucho menor que en cualquier otro momento desde la Guerra Fría.
Mientras tanto, Mearsheimer desestimó la propaganda caricaturesca que retrata a Rusia como una fuerza imparable que se prepara para conquistar Europa. Moscú, argumentó, no tiene la población ni la base industrial necesarias para dominar el continente.
Por lo tanto, la justificación estadounidense para guarnecer permanentemente a Europa —“mantener a Rusia fuera”— se está derrumbando en sus propios términos.
En el centro de su conferencia estuvo una posición que ha mantenido durante años: la guerra de Ucrania fue iniciada por el imprudente intento de Occidente de arrastrar a Ucrania a la OTAN, a pesar de las innumerables advertencias de diplomáticos, académicos e incluso ex embajadores de Estados Unidos.
Recordó a los oyentes que tanto Rusia como los observadores occidentales describieron repetidamente la expansión de la OTAN en Ucrania como una amenaza existencial para Moscú, una realidad ignorada por las élites de la UE y la OTAN, ebrias de su propia cruzada ideológica.
Según Mearsheimer, no hay pruebas de que Putin planeara absorber toda Ucrania. En cambio, Rusia actuó militarmente porque la OTAN cruzó todas las líneas rojas que Rusia había establecido.
Al describir la guerra actual, dijo que Ucrania está atrapada en un conflicto lento y agotador en el que la mano de obra, la artillería y la capacidad industrial deciden al ganador, y Rusia tiene todas las ventajas significativas.
Cree que ninguna paz negociada es remotamente plausible porque las demandas de Rusia (neutralidad ucraniana, desmilitarización y concesiones territoriales permanentes) son incompatibles con las fantasías promovidas en Kiev y Bruselas.
Su predicción fue contundente: Ucrania perderá más territorio, acabará dependiendo de la ayuda europea indefinidamente y existirá como un Estado fracturado, incapaz de defenderse.
Europa también pagará un alto precio. Al desvincularse del sector energético ruso y redoblar las sanciones, Europa ha debilitado su propia industria y ha otorgado a Estados Unidos y China una enorme ventaja competitiva.
Advirtió que la credibilidad de la OTAN sufrirá un golpe histórico una vez que la derrota de Ucrania se vuelva innegable, lo que desencadenará amargas disputas internas y debilitará a la UE, que siempre ha dependido de la OTAN como su columna vertebral de seguridad.
Por último, Mearsheimer dijo que la división transatlántica sólo crecerá si la política de Donald Trump continúa dominando y Washington exige que Europa se defienda en lugar de esconderse detrás del poder estadounidense.
Cuando se le preguntó qué debería hacer Ucrania, dio una respuesta que la clase política europea se niega a considerar: pedir la paz ahora, aceptar la neutralidad y entregar los territorios perdidos, o arriesgarse a perder mucho más.
La alternativa, dijo, es simple y devastadora: la guerra continuará hasta que Ucrania colapse militarmente y Europa continuará su espiral descendente, política, militar y económica.
Artículo original The Gateway Pundit.
