May. 2, 2026 9:08 am
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© Mehaniq / Shutterstock

Irán enfrenta desde finales de diciembre de 2025 las protestas más intensas en décadas, con manifestantes en más de 185 ciudades de las 31 provincias exigiendo el fin del régimen teocrático liderado por el ayatolá Ali Khamenei.

Lo que comenzó como reclamos por escasez de alimentos y medicamentos ha escalado a llamados abiertos por la muerte del dictador y el regreso de la monarquía bajo el príncipe heredero Reza Pahlavi, con miles coreando «¡Viva el sha!» en las calles de Teherán y otras urbes.

El régimen, acorralado por su propia debilidad y escasez de fuerzas represivas, ha respondido con una brutalidad sin precedentes, incluyendo el uso de ametralladoras DShK para masacrar a civiles en ciudades como Karaj, en la provincia de Alborz.

Testigos exiliados y organizaciones de derechos humanos han denunciado tácticas sistemáticas de terror; las autoridades cortan el suministro eléctrico en barrios rebeldes para operar en la oscuridad, abren fuego con armas de guerra contra multitudes desarmadas y se llevan los cuerpos de los caídos para evitar que se conviertan en mártires.

En un acto de crueldad adicional, las familias deben pagar sumas exorbitantes –entre 700 millones y 2.5 billones de riales por bala, equivalentes a unos 480 a 1.720 dólares– para recuperar los cadáveres de sus seres queridos, una práctica confirmada en ciudades como Rasht y Teherán.

Esta extorsión no solo agrava el duelo, sino que sirve como herramienta para silenciar a los dolientes, obligándolos a firmar compromisos de no protestar ni revelar detalles.

Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado al menos 28 muertes por disparos en ocho provincias entre el 31 de diciembre de 2025 y el 3 de enero de 2026, muchas causadas por perdigones de escopetas a corta distancia.

Sin embargo, cifras independientes elevan el total a más de 2.400 víctimas fatales, con hospitales desbordados y morgues apilando cuerpos sin entregar.

Para ocultar la magnitud del horror, el régimen impuso un apagón casi total de internet desde el 8 de enero de 2026, restringiendo comunicaciones y limitando el flujo de información al exterior, aunque las protestas persisten con fuegos artificiales y cacerolazos nocturnos.

Ante esta barbarie, el príncipe Reza Pahlavi, desde el exilio, ha declarado una nueva fase del levantamiento nacional, instando a tomar calles centrales y a que las fuerzas armadas se unan al pueblo, advirtiendo que el régimen actúa por miedo al colapso inminente.

El presidente Donald Trump ha respondido con firmeza conservadora, ordenando a ciudadanos estadounidenses abandonar Irán inmediatamente y anunciando un 25% de aranceles a cualquier nación que haga negocios con el régimen, marcando un contraste con administraciones previas que ignoraron la opresión islámica.

Además, ordenó el retiro precautorio de personal no esencial de la base militar de Al Udeid en Qatar, ante el riesgo de escalada regional por la represión en curso.

Anteriormente lo habíamos reportado en Gateway Hispanic, destacando cómo las protestas rugen con fuerza persa y el llamado de Pahlavi a recuperar el país.

Este horror subraya la urgencia de un cambio radical en Irán: el pueblo iraní, agotado por décadas de opresión bajo el régimen islamista teocrático, enfrenta una represión inhumana que incluye masacres con armas de guerra, apagones eléctricos para facilitar ejecuciones en la oscuridad, secuestro de cadáveres y extorsión económica a las familias de las víctimas para recuperar sus restos.

Esta barbarie, que ha dejado miles de muertos según estimaciones independientes, revela un gobierno que prioriza el terror y la supervivencia del ayatolá Ali Khamenei sobre la vida, la dignidad y la prosperidad de su propio pueblo.

El régimen islamista ha demostrado ser ajeno a cualquier valor humano, recurriendo a tácticas de terror sistemático para sofocar el clamor por libertad y estabilidad que resuena en las calles de Teherán y otras ciudades.

Ante esta escalada de atrocidades, Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, ha adoptado una postura firme de apoyo a los manifestantes. Trump ha advertido repetidamente que cualquier continuación en el asesinato de protestantes pacíficos desencadenaría una respuesta contundente, incluyendo amenazas de acción militar si persiste la violencia letal.

Esta posición contrasta con la inacción de administraciones pasadas y deja claro que el pueblo iraní no está solo en su lucha por derrocar un régimen que ha convertido la represión en política de Estado. El apoyo implícito a figuras como el príncipe heredero Reza Pahlavi, quien ha llamado a las fuerzas armadas a unirse al pueblo, refuerza la esperanza de un Irán libre de la tiranía islamista, restaurando la dignidad y la estabilidad que el país merece.

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