Pakistán intensificó drásticamente su confrontación con Afganistán, bombardeando la capital Kabul y las provincias de Kandahar y Paktia, en respuesta a ataques transfronterizos del Talibán que dejaron decenas de muertos en puestos militares paquistaníes.
Didn't Trump say that he stopped the war? Pakistan continues To Strike Taliban Targets In Afghanistan Amid Signals Of 'Open War.' Pakistani war planes bombed Kabul just hours after Afghanistan and Pakistan traded strikes on each other in their volatile mountain border region as… pic.twitter.com/3Fa7sq9sFx
— Carlos Perez (@CarlosP95095856) February 27, 2026
El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, afirmó que la «paciencia se ha agotado» y proclamó una «guerra abierta» contra el régimen talibán, acusándolo de albergar terroristas que exportan violencia a Pakistán.
Los ataques aéreos paquistaníes, denominados ‘Operación Furia Justa’, golpearon más de 20 objetivos, incluyendo instalaciones de defensa afganas, causando al menos 274 bajas entre combatientes talibanes según el ejército de Islamabad.
Residentes de Kabul reportaron explosiones secundarias en un depósito de armas en las afueras occidentales, generando pánico y temor a más violencia.
Afganistán respondió con drones contra posiciones paquistaníes, reclamando pérdidas significativas en el lado enemigo.
Esto marca un cambio de conflictos proxy a hostilidades directas, con Pakistán justificando sus acciones por un aumento de atentados militantes desde suelo afgano, como los recientes en Islamabad y Bajaur.
El bombardeo en Kabul representa una «decisión decisiva», ya que atacar fuerzas armadas en territorio soberano equivale a una declaración de guerra.
El contexto se remonta a tensiones crecientes desde 2021, cuando el Talibán tomó el poder en Afganistán, con acusaciones mutuas de refugio a grupos como el TTP (Talibán paquistaní).
Anteriormente lo habíamos reportado en Gateway Hispanic sobre conflictos similares en 2025, donde Pakistán realizó ataques aéreos en Kabul y otras provincias en octubre, bajo la ‘Operación Tormenta Khyber’.
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Esta crisis resalta el fracaso de políticas internacionales blandas, permitiendo que regímenes como el Talibán desestabilicen la región sin contención firme, exacerbando amenazas terroristas globales.
Con al menos 13 civiles afganos muertos y miles desplazados, la ONU urge un cese al fuego, pero las hostilidades continúan.
