May. 1, 2026 2:58 pm
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Un jurado federal de Estados Unidos declaró culpable al agente de inteligencia iraní Asif Merchant por organizar un complot de asesinato a sueldo contra el presidente estadounidense Donald Trump, en un caso que las autoridades consideran uno de los intentos más graves de terrorismo político detectados recientemente dentro del país.

El veredicto se produjo tras un juicio celebrado en un tribunal federal de Nueva York, donde los fiscales presentaron pruebas de que Merchant había intentado contratar sicarios para ejecutar el asesinato del líder político estadounidense como parte de un plan vinculado a intereses del régimen iraní.

Según la investigación presentada ante el jurado, Merchant viajó a Estados Unidos con el objetivo de organizar un ataque contra figuras políticas estadounidenses. Durante su estancia en el país intentó reclutar a personas que pudieran llevar a cabo el asesinato, sin saber que en realidad estaba tratando con agentes encubiertos de las fuerzas de seguridad.

Las autoridades federales lograron infiltrarse en el supuesto plan cuando uno de los contactos a los que Merchant se acercó alertó a las autoridades. A partir de ese momento, el FBI inició una operación encubierta que permitió documentar reuniones, conversaciones y transferencias de dinero destinadas a preparar el atentado.

De acuerdo con los fiscales, Merchant llegó incluso a entregar varios miles de dólares en efectivo como anticipo a los supuestos sicarios. Ese pago fue utilizado como una de las pruebas clave durante el juicio para demostrar que el plan había avanzado más allá de una simple conversación o intención.

El acusado fue finalmente detenido en 2024 tras meses de vigilancia por parte de las autoridades federales. Desde entonces permanecía bajo custodia mientras se desarrollaba el proceso judicial que ahora ha culminado con el veredicto de culpabilidad.

Durante el juicio, la defensa argumentó que Merchant había actuado bajo presión y que temía represalias contra su familia en Irán si no colaboraba con quienes le habían encargado la misión. Sin embargo, los fiscales insistieron en que el acusado tomó múltiples decisiones voluntarias para avanzar en el complot y nunca intentó advertir a las autoridades estadounidenses.

El jurado finalmente consideró que las pruebas presentadas eran suficientes para demostrar que Merchant participó activamente en la planificación del asesinato y en la preparación de un acto terrorista dentro del territorio estadounidense.

El caso ha generado especial preocupación en Washington porque pone de manifiesto los riesgos asociados a las operaciones clandestinas que algunos gobiernos extranjeros intentan llevar a cabo en Estados Unidos. Las autoridades estadounidenses han advertido en repetidas ocasiones de que el régimen iraní mantiene una larga lista de enemigos políticos a los que considera responsables de acciones contra sus intereses.

El contexto de este caso está marcado por años de tensiones entre Washington y Teherán, especialmente después de operaciones militares y decisiones estratégicas que han deteriorado profundamente la relación entre ambos países.

Expertos en seguridad nacional han señalado que este tipo de complots reflejan una estrategia más amplia de presión política y venganza por parte de sectores del aparato de seguridad iraní contra figuras estadounidenses que consideran responsables de decisiones hostiles contra el régimen.

La condena de Merchant representa ahora un mensaje claro por parte del sistema judicial estadounidense sobre la gravedad de este tipo de amenazas. Los fiscales subrayaron durante el juicio que Estados Unidos no tolerará ningún intento de asesinato político organizado desde el extranjero.

Tras el veredicto, Merchant se enfrenta ahora a una posible condena de cadena perpetua cuando el tribunal dicte sentencia en los próximos meses.

Las autoridades estadounidenses consideran que la rápida actuación de los servicios de inteligencia y del FBI fue clave para frustrar el plan antes de que pudiera materializarse. La infiltración en el complot permitió neutralizar la amenaza sin que llegara a producirse ningún ataque.

Aunque el acusado actuó dentro de Estados Unidos, la investigación también ha abierto nuevas preguntas sobre hasta qué punto este tipo de operaciones pueden estar vinculadas a redes internacionales de inteligencia o a estructuras estatales que operan en la sombra.

El caso vuelve a poner de relieve la creciente preocupación de las autoridades estadounidenses ante la posibilidad de que conflictos geopolíticos internacionales se trasladen al interior del país mediante operaciones encubiertas dirigidas contra líderes políticos o instituciones democráticas.

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