El Ejército de Estados Unidos ha elevado el nivel de la investigación sobre el devastador impacto del 28 de febrero de 2026 contra la escuela primaria femenina Shajareh Tayyebeh en Minab, provincia de Hormozgan, en el sur de Irán.
Según confirmaron fuentes militares y reportes verificados, el Pentágono ordenó una investigación administrativa de tipo 15-6 dirigida por un general de fuera del Mando Central para garantizar independencia, un paso que puede derivar en acciones disciplinarias si se confirman fallos.
Irán reportó la muerte de 168 niños, en su mayoría niñas, durante el primer día de operaciones estadounidenses e israelíes contra objetivos del régimen iraní. Los indicios preliminares, respaldados por videos geolocalizados y fragmentos de munición analizados por expertos, apuntan a un misil de crucero Tomahawk estadounidense, arma de precisión que solo opera Estados Unidos entre los actores del conflicto.
El error no habría sido una desviación del proyectil, sino el resultado de inteligencia desactualizada que identificaba el edificio como parte de una base naval adyacente del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), sin distinguir que desde al menos 2018 funcionaba como escuela con muros pintados y presencia pública en internet, incluyendo decenas de fotos de sus alumnas.
Imágenes satelitales de 2015 muestran que el inmueble ya estaba separado por paredes de la instalación militar, y formaba parte de la red Instituto Educacional Cultural de los Mártires del Golfo Pérsico, afiliada al IRGC. Esta conexión contextualiza el entorno de guerra contra una organización designada terrorista por Washington, donde el régimen iraní ubica activos educativos cerca de objetivos militares, pero no resta gravedad al saldo civil.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció la elevación sin adelantar conclusiones y afirmó que «la investigación del mando tomará todo el tiempo necesario para abordar todos los asuntos». Hegseth rechazó que reportes mediáticos presionen la narrativa oficial.
The Shajareh Tayyebeh girls’ school in Minab, southern Iran, was struck on Saturday, 28 February, leading to the deaths of 160 children, according to UN experts.
— The Independent (@Independent) March 4, 2026
Asked if there is any clarity on whose munition was used in the strike in a press conference on Wednesday, 4 March,… pic.twitter.com/N1Fk5IE1Tw
El presidente Donald Trump, en declaraciones iniciales, atribuyó el ataque a Irán y sugirió improbable que Teherán poseía Tomahawks. Días después aclaró que «sea lo que sea que muestre el informe, estoy dispuesto a aceptarlo», señal que funcionarios interpretan como disposición a asumir los hallazgos preliminares que apuntan a responsabilidad estadounidense por datos obsoletos proporcionados en parte por la Agencia de Inteligencia de Defensa.
Esta transparencia militar bajo la actual administración contrasta con la opacidad habitual del régimen de Teherán, que ha usado la tragedia como herramienta propagandística sin mencionar explícitamente a Estados Unidos en el primer mensaje del nuevo líder supremo.
El caso se perfila como uno de los peores incidentes de bajas civiles en décadas de operaciones estadounidenses en Oriente Medio. Organizaciones como Human Rights Watch y expertos de la ONU han exigido rendición de cuentas plena, pero el enfoque del Pentágono —con declaraciones juradas y oficial externo— demuestra compromiso institucional serio para corregir fallos en la validación de objetivos.
El contexto de guerra contra un régimen que durante años ha financiado terrorismo global y atacado intereses estadounidenses justifica la ofensiva, aunque errores como este subrayan la necesidad de inteligencia actualizada constante.
En resumen, la elevación de la pesquisa refleja madurez operativa: reconocer posibles fallos por datos antiguos, investigar a fondo y priorizar precisión futura sin excusas.
