May. 3, 2026 11:04 am
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Tres años después del estallido de la guerra civil en Sudán, el país se ha convertido en el epicentro de la peor crisis humanitaria del mundo, una tragedia de dimensiones históricas que sigue recibiendo una atención internacional alarmantemente escasa.

El conflicto, que comenzó en abril de 2023, enfrenta al Ejército sudanés contra las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), dos facciones que hasta entonces compartían el poder tras la caída del dictador Omar al-Bashir en 2019.

Lo que empezó como una disputa por el control del Estado y la integración de las fuerzas paramilitares derivó rápidamente en una guerra total que ha destruido ciudades enteras, especialmente la capital, Jartum, hoy en gran parte reducida a ruinas.

Las cifras son devastadoras. Según diversas fuentes internacionales, el conflicto ha provocado más de 150.000 muertes y ha desplazado a alrededor de 14 millones de personas, tanto dentro de Sudán como hacia países vecinos. Se trata de la mayor crisis de desplazamiento del planeta. Además:

  • 33 millones de personas necesitan ayuda humanitaria urgente.
  • 21 millones sufren hambre severa o aguda.
  • Más de 5 millones de niños enfrentan hambre extrema, violencia y desplazamiento.

La situación es especialmente crítica en la región de Darfur, donde se han documentado masacres sistemáticas, violencia étnica y tácticas de “tierra quemada”. Aldeas enteras han sido arrasadas, con denuncias de bloqueo deliberado de ayuda humanitaria y patrones que recuerdan los horrores de conflictos anteriores en la zona.

Impacto en la población civil

Los niños son las principales víctimas de esta guerra. Miles han sido asesinados, mutilados o reclutados por fuerzas armadas. La destrucción sistemática de hospitales, escuelas e infraestructuras básicas ha dejado a millones sin acceso a salud, educación o agua potable. El sistema sanitario ha colapsado: ataques directos contra centros médicos y personal sanitario han agravado epidemias, malnutrición aguda y mortalidad infantil.

Organismos como UNICEF, Amnistía Internacional y la ONU han documentado graves violaciones de los derechos humanos por parte de ambos bandos, incluyendo ejecuciones extrajudiciales, violaciones sistemáticas, reclutamiento forzado y posibles crímenes de guerra. En Darfur, las RSF han sido acusadas de actos que podrían calificarse como genocidio o crímenes de lesa humanidad.

Una “guerra olvidada”

A pesar de la magnitud de la tragedia —ciudades devastadas, fosas comunes, millones de minas y artefactos sin detonar—, la respuesta internacional ha sido insuficiente.

La financiación humanitaria es muy inferior a las necesidades reales y los esfuerzos diplomáticos para lograr un alto el fuego han fracasado de forma reiterada.

Analistas y organizaciones humanitarias califican el conflicto sudanés como una “guerra olvidada”. Las estremecedoras cifras no logran transmitir plenamente el sufrimiento diario de millones de personas atrapadas entre la violencia, el hambre y el abandono.

Sudán no solo enfrenta una guerra interna: su colapso amenaza la estabilidad de toda la región del Cuerno de África y el Sahel. Mientras los bandos en conflicto siguen priorizando el poder sobre la vida de la población, millones de sudaneses permanecen en una situación límite, esperando una solución que, hasta ahora, parece lejana.

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