Abr. 16, 2026 5:13 pm

(Bolivia) El ciudadano que confrontó a Exministro de Evo Morales, ahora teme por su seguridad

En Bolivia, un ciudadano que confrontó públicamente al exministro de Evo Morales y actual candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), Eduardo del Castillo, ahora teme por su seguridad y la de su familia. El episodio, que ocurrió durante las recientes elecciones, refleja el creciente malestar popular frente a la cúpula del oficialismo, así como la persecución política que muchos opositores aseguran estar viviendo bajo el gobierno de Luis Arce.

El incidente se produjo cuando Del Castillo acudió a emitir su voto en un recinto electoral. Al llegar, fue abucheado y enfrentado por ciudadanos indignados, entre ellos el denunciante, quien lo acusó de haber “traicionado a Santa Cruz” y de ser responsable de la persecución contra el gobernador Luis Fernando Camacho. Las expresiones de rechazo fueron fuertes: “¡Palmasola te espera, ladrón!”, se escuchó entre la multitud. Lo que para muchos fue un legítimo acto de protesta ciudadana, hoy se ha convertido en el inicio de un proceso de intimidación.

El ciudadano que protagonizó el reclamo asegura haber sido notificado, a través de redes sociales, de que el MAS estaría promoviendo una denuncia en su contra ante la Fiscalía. Pero más allá de los trámites judiciales, lo que más alarma es la intimidación en las calles. El hombre denunció que vehículos sospechosos, de gran tamaño y aparentemente ligados a tareas de inteligencia, comenzaron a rondar su barrio desde la mañana siguiente al enfrentamiento. “No puedo salir de casa porque temo lo que me pueda pasar”, declaró, responsabilizando directamente al gobierno de Arce y a los militantes del MAS por cualquier daño que sufra él o su familia.

El trasfondo del conflicto es claro: mientras los ciudadanos enfrentan una crisis económica sin precedentes, marcada por inflación, falta de empleo y pensiones insuficientes para sobrevivir, las élites del MAS siguen actuando con privilegios y blindaje político. “Al inicio mi pensión alcanzaba, ahora no alcanza para nada”, señaló el denunciante, explicando que su reacción fue el reflejo de la indignación compartida por miles de bolivianos que no tienen voz frente al poder.

El caso abre un debate sobre la libertad de expresión y la criminalización de la protesta en Bolivia. La confrontación verbal contra un candidato oficialista está siendo transformada en un proceso penal y, peor aún, en una amenaza velada contra la seguridad personal de un ciudadano común. Este tipo de represalias pone en evidencia el deterioro democrático del país y la utilización de las instituciones judiciales y de inteligencia como armas de persecución política.

La situación también muestra el creciente descontento social contra el MAS, especialmente en Santa Cruz, el bastión opositor más fuerte de Bolivia. Para muchos, el enfrentamiento fue una catarsis: alguien se atrevió a decir en la cara de un alto funcionario lo que miles piensan pero no pueden expresar por temor a represalias. Sin embargo, el costo de esa valentía podría ser alto si el Estado decide continuar con la intimidación.

Este episodio refleja, una vez más, cómo los regímenes de izquierda en América Latina recurren a la represión y al miedo cuando los ciudadanos rompen el silencio. El futuro de este ciudadano boliviano ahora depende de la presión social, la solidaridad de la comunidad y la vigilancia internacional sobre un gobierno que cada vez muestra menos tolerancia a la disidencia.

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