Hermann Tertsch denuncia la complicidad de la Unión Europea con el terrorismo
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El eurodiputado español Hermann Tertsch del Valle Lersundi volvió a sacudir los cimientos del Parlamento Europeo con un discurso tan contundente como incómodo para la élite progresista del continente. Durante el debate sobre el papel de la Unión Europea en los recientes acuerdos de paz en Medio Oriente, Tertsch no titubeó al afirmar que Europa no solo ha sido un obstáculo para la paz, sino que además ha colaborado directa o indirectamente con el terrorismo de Hamas.
“El título de este debate ya es una mala broma”, comenzó Tertsch con un tono de profunda indignación. Y tenía razón. Mientras el mundo observa un frágil intento de pacificación en Gaza, la Unión Europea se muestra una vez más dividida, incoherente y moralmente perdida. El eurodiputado español no se anduvo con rodeos: “El papel de la UE ha sido un obstáculo y ha resultado ridículo. Rol positivo: ninguno. Nada. Cero. Absolutamente cero”.
Sus palabras no fueron simples declaraciones políticas, sino un golpe directo al corazón del discurso europeo progresista, ese que pretende erigirse como mediador global, pero termina financiando a regímenes y movimientos que promueven el odio, la violencia y la destrucción de Occidente.
El señalamiento de Tertsch fue claro: Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, y Emmanuel Macron, presidente de Francia, han traicionado los intereses de Europa al alinearse con posturas que fortalecen al terrorismo islámico bajo la falsa bandera de la diplomacia.
“El español Pedro Sánchez ha sido directamente colaborador del terrorismo de Hamas”, afirmó sin ambigüedad. No se trata de una acusación ligera. Bajo su administración, España ha adoptado un discurso complaciente con los grupos pro-palestinos más radicales, mientras ignora los ataques y asesinatos perpetrados por Hamas contra civiles israelíes.
Macron, por su parte, tampoco escapó del señalamiento. “Se alineó con Starmer y su despreciable decisión de reconocer el inexistente Estado palestino”, denunció Tertsch, “y casi provocó el colapso de las negociaciones que estaban avanzando con esa medida absolutamente irresponsable y absurda”.
La crítica de Tertsch revela una profunda fractura moral dentro de Europa. Mientras líderes populistas de izquierda buscan gestos simbólicos para congraciarse con minorías ideológicas, ponen en riesgo la estabilidad internacional y dan oxígeno a grupos extremistas.
Pero en medio del caos diplomático europeo, Tertsch señaló un contraste evidente: “Si en este momento hay un alto al fuego en Gaza y esperanza de paz, es gracias a su enemigo favorito, el Sr. Donald Trump”.
La mención del presidente estadounidense no fue casual. Trump, a diferencia de los líderes europeos, a logrado durante su administración una serie de acuerdos históricos entre Israel y varios países árabes. Esos pactos, fortalecen la cooperación económica y de seguridad en la región, fueron ignorados por los medios progresistas de Europa simplemente porque no encajaban con su narrativa antiamericana.
Hoy, sin embargo, los resultados hablan por sí solos: donde Europa fracasó con discursos vacíos, Trump consigue resultados concretos.
La afirmación de Tertsch no es solo una defensa del presidente Trump, sino un recordatorio de que la verdadera diplomacia se construye con liderazgo, no con gestos simbólicos ni sumisión ideológica.
Quizás el fragmento más impactante del discurso de Tertsch fue su advertencia sobre el futuro del continente:
“Mientras tanto, ustedes han aplaudido a Hamas y también han permitido que ese Estado palestino se manifieste en ciudades de toda Europa, generando una arrogancia que pronto tendremos que pagar”.
Europa ha abierto sus puertas —y su billetera— a movimientos que promueven el odio contra Occidente, contra Israel y contra los valores democráticos. Las protestas pro-palestinas en Londres, París, Berlín y Madrid ya no son simples manifestaciones: se han convertido en plataformas para el antisemitismo y la violencia disfrazada de activismo.
Tertsch lo sabe, y no teme decirlo: Europa está en una crisis moral profunda, donde la corrección política ha reemplazado al sentido común y donde los líderes progresistas prefieren arrodillarse ante los discursos de moda antes que defender la verdad.
El discurso de Hermann Tertsch es un llamado urgente a la reflexión. Lo que él plantea no es un simple desacuerdo diplomático, sino una denuncia de fondo:
la Unión Europea se ha convertido en una institución sin valores, sin rumbo y sin coraje moral.
Mientras los burócratas de Bruselas aplauden sus propias declaraciones “de paz”, los ciudadanos europeos enfrentan una realidad cada vez más peligrosa: terrorismo importado, desinformación ideológica y pérdida progresiva de libertades.
Y, como bien advirtió Tertsch, la factura de esta cobardía la pagarán las próximas generaciones.
En un continente donde opinar diferente se castiga y donde los valores tradicionales son etiquetados como “radicales”, Hermann Tertsch representa una voz incómoda, pero necesaria.
Su discurso no es una provocación: es una advertencia.
Europa necesita volver a los principios que la construyeron: libertad, responsabilidad, verdad y defensa de la civilización occidental. Si continúa aplaudiendo a quienes la desprecian, no solo perderá su identidad, sino también su futuro.
Porque, como dijo Tertsch, “aquí, en Europa, hemos aplaudido a Hamas… y pronto tendremos que pagar el precio.”