Petro arremete contra Marco Rubio con un discurso que tensiona aún más las relaciones con EE.UU.
You may also like
Page 1 of 417
Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos volvieron a tensarse después de que Gustavo Petro respondiera con un tono desafiante a las críticas del senador republicano Marco Rubio. En un acto público, Petro lanzó una declaración que rápidamente se viralizó, afirmando: “Hermano, si vas a arrestarme, vamos a ver si puedes; si quieres ponerme el uniforme naranja, inténtalo. Pero este pueblo no se arrodillará. Tus odios del pasado… ningún colombiano es culpable de lo que pasó con tu abuelo o tu padre en Cuba.”
Las palabras del mandatario, impregnadas de dramatismo y victimismo político, fueron interpretadas como un intento de desviar la conversación ante las crecientes preocupaciones internacionales sobre su gestión, su alineamiento con regímenes autoritarios y su deteriorada relación con Washington. Para analistas conservadores, Petro recurrió otra vez a su fórmula habitual: presentarse como perseguido por potencias extranjeras, aun cuando sus propios actos y discursos han encendido alarmas en distintos sectores dentro y fuera de Colombia.
La referencia a la herencia cubana de Rubio fue vista como un ataque personal innecesario, impropio del jefe de Estado de una nación con larga tradición diplomática. En lugar de responder con argumentos sobre política exterior, seguridad regional o cooperación bilateral, Petro optó por insinuar que las críticas hacia él están motivadas por una supuesta “venganza histórica” del senador estadounidense, una narrativa que los críticos consideran infantil y peligrosa.
Además, el discurso del presidente colombiano profundiza la inquietud sobre su creciente antisemitismo retórico, sus guiños a dictaduras latinoamericanas y su insistente confrontación con una de las alianzas estratégicas más importantes para su país. Mientras Colombia enfrenta desafíos graves —narcotráfico fortalecido, disidencias armadas reactivadas y caída de inversión extranjera— el mandatario continúa enfocándose en polémicas mediáticas y discursos inflamados.
Para los sectores republicanos en EE.UU., las declaraciones de Petro confirman una peligrosa tendencia hacia la radicalización ideológica y el quiebre diplomático. Consideran que el mandatario se concentra más en generar enemigos imaginarios y alimentar su narrativa de mártir político que en colaborar con socios democráticos que históricamente han apoyado a Colombia.
El episodio, más que mostrar fortaleza, expone a un presidente a la defensiva, atrapado en su propia retórica y dispuesto a deteriorar relaciones internacionales clave con tal de sostener un relato que ya no convence a gran parte de su propio país. Mientras Petro insiste en “no arrodillarse”, lo que muchos colombianos y aliados internacionales esperan es que, al menos, comience a gobernar con responsabilidad.