Abr. 27, 2026 5:41 am
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La gran estafa del feminismo progresista

Mientras el gobierno de Isabel Díaz Ayuso en Madrid presume de ser un bastión de la libertad, los impuestos de los madrileños y de todos los españoles siguen engordando las arcas de un feminismo de salón que no se atreve a señalar al verdadero enemigo de las mujeres.

Hablamos de un negocio bien engrasado, donde la izquierda y sus aliados de la derecha tibia juegan a la tolerancia multicultural, financiando con nuestro dinero una rendición silenciosa ante el islamismo.

Sí, lo digo claro: el islamismo, esa ideología político-religiosa que no necesita tanques para avanzar, solo la complicidad de quienes miran para otro lado.

El discurso de Vox en la Asamblea de Madrid, pone el dedo en la llaga: “Un enemigo silencioso que extiende su ideología con el objetivo de encerrarnos en una oscura prisión de tela”.

No es una exageración. La población musulmana en España creció de 1,6 millones en 2010 a más de 2,2 millones en 2020, y sigue en aumento gracias a la inmigración descontrolada.

¿Y qué hace la izquierda? Aplaudir el Ramadán y callar ante las señales de islamización que ya se ven en barrios de Madrid como Vallecas o Usera.

El avance del islamismo: un peligro real

No es teoría conspirativa, es realidad. En 2023, el Observatorio de la Islamofobia en los Medios alertó sobre el aumento de delitos de odio contra musulmanes, pero ¿y los datos al revés?

Según el Ministerio del Interior, en 2022 se registraron más de 600 incidentes relacionados con violencia machista en comunidades inmigrantes, muchas vinculadas a culturas donde la sharía sigue siendo una sombra ominosa.

En Parla, por ejemplo, asociaciones conservadoras han denunciado presiones crecientes para que las niñas usen hiyab en colegios públicos. ¿Esto es igualdad, señoras feministas?

La izquierda, con su mantra de la “diversidad”, se niega a ver lo obvio. Elham Manea, politóloga suizoyemení, lo dijo claro: “El islamismo es una ideología de extrema derecha, totalitaria, que rechaza los derechos de la mujer”.

Pero aquí, las progres de Podemos y PSOE prefieren atacar a Vox por “islamofobia” antes que enfrentarse a una ideología que, en países como Irán o Afganistán, ha convertido a las mujeres en sombras sin voz.

La hipocresía de Ayuso y la derecha blanda

Pero no solo la izquierda tiene culpa. Isabel Díaz Ayuso, la “dama de hierro” del PP, se llena la boca hablando de libertad mientras su partido felicita el Ramadan y evita cualquier crítica al islamismo por miedo a perder votos.

En 2024, el PP madrileño destinó más de 20 millones de euros a políticas de “igualdad de género” que no incluyen ni una sola medida contra la opresión religiosa que crece en nuestras calles.

¿Dónde está esa valentía que presume Ayuso? En Vox tienen razón: cada paso atrás en la defensa de nuestros valores es un triunfo para el fundamentalismo.

Miremos a Europa. En Francia, el 70% de las mujeres en ciertos suburbios de París han reportado presiones para cubrirse.

En Reino Unido, informó de escuelas en Birmingham donde el hiyab es casi obligatorio para niñas de 10 años. ¿Y en España? El silencio de Ayuso y la izquierda es ensordecedor.

Feminismo de pancarta vs. realidad

Llega el 8 de marzo y las calles de Madrid se llenarán de pancartas moradas. Pero, ¿qué celebran? ¿Que en barrios como Carabanchel o Lavapiés cada vez más mujeres jóvenes cubren sus cabezas para no “provocar” a los hombres?

El discurso de Vox lo clava: “¿Van a unirse a las feministas en Parla junto a quienes quieren la sumisión de las mujeres bajo una apariencia de tolerancia?”. Es el colmo de la hipocresía: un feminismo que defiende el burka como “libertad de elección” mientras calla ante la violencia que lo impone.

Una joven marroquí residente en España explicó: “El islam defiende la educación de las mujeres, pero en muchos países eso no pasa por motivos políticos, no religiosos”.

Correcto, pero el islamismo que llega a España no es el Corán puro, es la versión radical que silencia y tapa. Y la izquierda, con su obsesión por lo políticamente correcto, lo abraza sin pudor.

La resistencia conservadora

Frente a este panorama, Vox se planta como el único partido que no se arrodilla.

Su líder en Madrid, Rocío Monasterio, insiste en que “España no llevará prendas opresivas”. Y tienen datos: en 2023, la Fundación Pluralismo y Convivencia reveló que el 60% de las asociaciones islámicas en España reciben financiación de países como Arabia Saudí, cuna del wahabismo.

¿Casualidad? No. Es un plan deliberado que la izquierda ignora mientras reparte subvenciones a ONGs que promueven la “inclusión” sin cuestionar nada.

La izquierda, bufones del islamismo

Así que aquí estamos, en un Madrid donde las feministas de postureo bailan al son del islamismo mientras Ayuso les pone la música.

La izquierda, con su tolerancia de cartón piedra, ha convertido la igualdad en una broma de mal gusto. ¿Qué sigue? ¿Subvenciones para burkas en el Orgullo? ¿Cursos de sumisión en la Complutense?

Reírse de esta pandilla de progres entreguistas es casi obligatorio: se pasan el día gritando “patriarcado” mientras abren la puerta a uno de verdad, envuelto en túnicas y misoginia. España no se doblegará, no por Vox, sino porque las mujeres libres no hemos luchado tanto para que unas pijas de Chueca y unos barbudos de Riad nos pongan el velo.

¡Que se lo pongan ellos, si tienen narices!

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